¿Qué ocurre si en una batidora metemos al Team Rocket cambiando a Meowth por un elfo travesti, a Eileen de Bloodborne y a Rossy de Palma poseída por el Doomguy aderezado todo de monstruos, aventuras, investigaciones y carlistas con camisas rojas? Seguramente que la policía nos detenga por intentar triturar a cinco personas.

Hay hitos, momentos especiales que marcan la vida de todo lector. En mi caso tengo varios, uno de ellos lo tiraremos a la basura junto a su autora, el resto me han ido forjando como lector y como escritor. Parque Jurásico fue mi primera novela, mi primer acercamiento serio a la lectura más allá de Mortadelo, Filemon, Superlopez y 13 Rue del Percebe. Y yo: pero vamos a ver ¿Cómo puede haberse cascado doscientas páginas de teorías matemáticas y yo me las haya metido por el culo con menos de doce años? ¿Me lo explica alguien? Parque Jurásico y el Mundo Perdido se convirtieron en un pilar de relectura habitual. La tensión, la adrenalina, el terror que generaba Michael Crichton con su prosa quedó arraigado como una enredadera en mis neuronas. Ahora mismo, después de más de una década sin leerlos, estoy recordando escenas que poco tienen que ver con la película. Recuerdo la cabeza de un raptor masticando los barrotes de acero de las claraboyas del hotel; los intestinos de Nedry desparramados por la selva mientras era devorado por los Dilophosaurios; el sustituto de Alan Grant en el Mundo Perdido explicando a dos niños para que servía el cuello largo de los sauropodos (actuando de contrapeso a sus colas que servían de arma ofensiva); a Rexy rugir mientras le caía una bomba encima porque Costa Rica tiene la misma política que Estados Unidos respecto a la fauna: mejor le disparamos.

El segundo hito fue la obra de Douglas Preston y Lincoln Child, en especial el Relicario que me ha dejado un trauma con escribir cosas en túneles del metro porque eso mola un puñado y sino que se lo digan a Metro 2033. Pero, sobre todo, me quedé con la estructura, la narración, la idea de escribir una película con ese mismo regusto visual. Se ve una dinámica en mis gustos literarios, Crichton, Preston y Child podrían intercambiarse, al menos a un nivel superficial, Ciencia Ficción mezclada con Thriller.

Podría considerar el tercer hito leer en bucle Amanecer con Rock DJ también en bucle (A día de hoy escuchó ese tema y veo escenas del libro, en especial lo pesada que se pone Bella con tener que conducir un tanque); aunque también podría hermanarlo con leer nueve veces seguidas The Host que me sigue pareciendo lo mejor que ha escrito Stephenie Meyer y de esta montaña no me bajo porque me flipan los capítulos alienígenas, la tensión que rezuma la escena en que casi muere la protagonista y el detalle especial de una pareja de alienígenas criando a un niño humano, una puerta abierta a una coexistencia en lugar de una colonización.

Así nos vamos aproximando a la actualidad teniendo entre mis libros favoritos Parque Jurásico, El Relicario y The Host (Pobre Lovecraft, me paso años con él metido en la cabeza y ni una de sus obras llega ahí, El que susurra en la oscuridad lo araña) y entonces, llega Alter Cantabria.

Alter Cantabria.

G. G. Lapresa llevaba bastante tiempo en mi Timeline, me parece una de las voces más interesantes que seguir en redes, y cuando Cerbero anunció su primera novela: La caza del último Ojáncano yo ya estaba dentro. Pero es que luego vi la portada y flipe en colores. Juan Alberto Hernández hizo una obra de arte que a mi me evocó a Bloodborne de inmediato. Tenía una fuerza esa portada que sentías el rugido del Ojáncano a través del trazo. No necesitaba más, pero es que me dieron las sinopsis, una señora pegando tiros contra un bicho muy grande. De nuevo, no necesitaba más, que yo ya quería tirarle dinero a la pantalla desde el principio de este párrafo, que no se podía vender más algo.

Y llegó el Celsius, y la compra del libro, y quedarme en medio de Avilés con la vista clavada en sus páginas porque lo de ese libro no era normal. El carisma es algo muy difícil de conseguir, Lapresa lo consiguió con cinco protagonistas y tres monstruos. Pero aquí me adelanto, quedémonos con dos protagonistas y un monstruo carismático de momento.

Juana, una guardabosques sexagenaria con cachava y el rifle más molón de la historia de los rifles (El Winchester); Trent, un elfo travesti mal hablado y condenadamente guapo, que guapo es el jodío, y el propio Ojáncano que da título a la novela. Tres personajes únicos. Es raro decirlo, el Ojáncano es un monstruo que grita mucho y tiene muy mala leche; pero tiene carisma y un aura de nobleza y grandezas perdidas que te reconcome el alma. No ves un punchinball salido de alguna historia corta de Hellboy. Estas viendo un ser magnífico al que el tiempo ha degradado; una catedral que presa del salitre del mar se esta viniendo abajo pero mantiene aún su imponente porte. Ruina en un esqueleto grandioso. He empezado esta entrada mencionando a Eileen y es con motivo, no solo la chanza con Juana; el Ojáncano evoca las mismas notas que tan magistralmente toca From Software con sus juegos. El monstruo de Lapresa tiene la misma presencia y espíritu que Ludwig. Una bestia formidable que en otro tiempo recorría el mundo con la cabeza alta y ahora es presa de la locura de su propia decadencia. Estoy escribiendo y reviviendo el final del libro, esa sensación agridulce, similar a ver a Sif cojear antes del golpe de gracia.

Ya para entonces estaba enamorado de esa Cantabria alternativa, y en el mismo Celsius cayó en mis manos En la tumba de Montehano y pasamos de Bloodborne a Uncharted, pero ¿por qué tener a Nathan Drake pudiendo tener al Team Rocket en modo full horny? ¿Y si encima le añadimos a Trent? ¡Y una aventura que tenga resonancias con las vidas de los protagonistas! ¡Pero puede usted dejar de molar tanto por favor!

Es lo grandioso de esta saga, como cada novela funciona en sus propios términos. Forja un mundo en base a aventuras que nada tienen que ver unas con otras. Los primeros compases del UCM en papel y tinta, en guardabosques, ladrones, brujas y elfos, y lo hace con soltura, como si fuera fácil. Hacer este cosmos no tuvo que ser fácil. Hacer parecer sencillo algo tan complejo como un puñado de personajes rotos enamorándote en el primer párrafo esta a la altura de una pluma increíble. Lo sé, lo sé. Estoy cegado por el amor a esta saga. Sé que diréis eso. Pero me resulta imposible no adular algo que me ha tocado tan hondo, que me ha enamorado hiciera lo que hiciera. ¿Quieres una caza de monstruos? Toma. ¿Quieres una aventura? Dos tazas ¿Quieres a la bruja más molona de la historia de la brujería? Y dos huevos duros.

Si, hemos llegado al punto de hablar de la última protagonista de esta saga: La Sole. ¿Creíais que el carisma se había acabado con Juana, Nasser, Elena y Trent? Esos solo necesitaron una gota. La Sole se cayó en la marmita y antes de salir se la bebió. Vamos a poner al Doomguy a investigar un asesinato con fantasmas involucrados ¿Qué podría salir mal? Hay un muro que aún se esta recuperando de esa idea.

Y aún así, pese a todo lo que me estáis leyendo adorar y querer a estos tres libritos (Juntos hoy día en un único libro que debéis comprar aquí) no están ni remotamente cerca de Bajo el Bramido del Cúlebre. Alter Cantabria I me lo metí por el culo. Alter Cantabria II fue un cambio de la química cerebral, un evento cósmico, una aparición celestial que puso patas arriba mi mente con una montaña rusa que parecía decirme en todo momento: ¿Crees que esto es el pico? Espera. Una subida vertiginosa en la que página tras página no podía apartar la mirada. Era un no parar y…

Llegó esa frase.

Entonces, ambas se volvieron a la vez hacia Juana. Hacia la tormenta que tronaba más allá.
Hacia el mar.

Me llegan a conectar en ese momento unos cables y cargo una central nuclear. La preparación previa había sido una montaña rusa, pero esa frase me hizo darme cuenta de que hasta ese momento, había estado en las zonas suaves de la atracción. Agarraos que se vienen curvas. Yo tuve una epifanía religiosa con la aparición del Cúlebre. Momento flashback, soy un niño de dragones y dinosaurios, yo quería ser paleontólogo porque la otra opción era ser criptozoólogo y dudaba que me fuera a ir bien tratando de buscar un dragón. Mi primera película en el cine con cuatro años fue Dragonheart; El Imperio del fuego es de mis películas favoritas y aún tengo en el pueblo mi copia de Godzilla contra King Ghidorah y, spoilers, estaba a punto de ver en vivo y en directo, la versión cántabra de esa película y me iba a hacer llorar de la emoción.

Hablo de la emoción, de la aventura, de la acción y la épica. Hablo de un libro al que la palabra escala se le queda pequeña. Sientes el tamaño, la fuerza que mueve a auténticos titanes cósmicos. Hablo de todo esto, porque de los personajes no hace falta, porque son puro corazón, con sus rotos y descosidos, con las piedras que cargan. Si, son carisma encarnado, pero también son mis hijos. Juana, La Sole, Trent, Elena y Nasser siempre vivirán en mi corazón, porque son también el corazón de sus respectivas novelas. El Señor de los Anillos no sería lo mismo sin Frodo, Sam, Gandalf, Aragorn o Gimli; Alter Cantabria no sería lo mismo sin sus maravillosos personajes. Creo que la mejor forma de expresarlo es con un ejemplo marca Bioware: Mass Effect, la trilogía de la guerra contra la extinción. ¿Y cuál fue el DLC más celebrado? Una fiesta de despedida en el que poder interactuar con todos los personajes en un ambiente distendido. Esa es la conexión con los personajes de Alter Cantabria, de querer verlos aunque no estén haciendo nada extraordinario. Podrían protagonizar una novela costumbrista sobre irse a vivir juntos a un caserío, porque la vida en Santander se ha puesto muy cara desde que un kaiju la arrasó, y yo la devoraría con la misma avidez que si fuera otra carrera adrenalínica de acción.

¿A qué ha venido todo esto? Este puñado de palabras lanzadas sin ton ni son, son fruto de meses y meses pensando en estos libros. Rumiando sus escenas. Debatiendo si su posición como mi obra favorita de todos los tiempos era fruto de la euforia o algo genuino y permanente. En estos meses se ha afincado otro escritor en mi cerebro. Stephen King ha empezado a cosechar éxitos y enseñanzas, y ya puedo decir sin miedo a equivocarme que Bajo el bramido del Cúlebre seguirá siendo mi obra favorita por mucho, mucho tiempo. No por nada, la cita usada más arriba, es una de las tres con las que doy inicio a la novela en la que estoy trabajando. Porque si, como lector me ha dado todo lo que tenía en sus páginas y más, pero como escritor vivo en una saludable envidia de querer llegar algún día a rozar con los dedos la maestría de ese narrador, la frescura de sus diálogos y la fuerza de sus escenas de acción.

Como lector me ha dado una obra que parece estar dedicada a mi, a todo lo que me gusta. Como escritor me da una meta, me hace querer seguir intentándolo, machacar el teclado una hora tras otra inspirado por él.

Pero sigo sin responder a ¿por qué ahora? Llego tarde para los que no estén ya censados, pero pronto para agitar una pancarta de cara a los Ignotus. ¡Votad Bajo el bramido del Cúlebre a mejor novela de 2024! ¡Votad a mejor ilustración su portada! ¡Votad! Y si aún no habéis leído la novela. La compráis. La leéis y luego la votáis.

Hay maravillosas novelas, novelas cortas, antologías, que nominar este año. Pero permitirme agitar los puñitos con la novela que me ha dado tanto desde que salió.