¿Cuándo van a darle de una vez el Nobel de Literatura a Stephen King? ¿Y cuándo terminaré mi artículo sobre mi libro en lugar de seguir haciendo entradas nuevas? Preguntas que no tienen respuesta.
De momento, hablemos de La zona muerta y cómo ese condenado libro del demonio se ha convertido en mi lectura favorita de Stephen King y me hizo llorar como un condenado en las últimas cinco páginas porque su autor es un desgraciado de puñalada trapera.
¿Qué podéis esperar de La zona muerta? Pues como estoy notando en esta lectura conjunta a lo largo de toda la obra de King, puedo decir que sus sinopsis son un poco como los trailers de James Cameron que te cuentan toda la película y en formato secuencial para que no te pierdas. La contraportada de este libro, igual que Apocalipsis, te cuenta algo que la novela va a empezar a desarrollar en el tercer tercio porque a Stephen King le suda los cojones mantener una estructura clásica.
Seguimos a Johnny Smith, un profesor descrito por sus propios alumnos como Frankenstein, de sonrisa bromista y ojos vivaces. Es un tío normal que necesita dos líneas para que digas: ¿Y la boda para cuando? Voy llamando a los familiares y preguntando al cura si se puede uno casar con un trozo papel. Sarah no se queda atrás, pero, y es una de las virtudes que tiene King, Sarah no es co-protagonista, ni Herbert, el padre de Johnny, ni muchos otros personajes. Es una virtud porque personaje que sale en esta novela, personaje que parece protagonizarla. Tienen una profundidad y un peso que pueden pasar por tu vida durante tres páginas y sentir que han sido los dueños indiscutibles de la trama. Y lo han sido.
No quiero entrar, por ahora, en destripar demasiado porque amo esta novela. La adoro. Mi compañera de trabajo os lo puede corroborar, me he puesto muy pesado con ella y, sobre todo, con un detalle que a ella, por ejemplo, le ha parecido superfluo y para mi ha vertebrado toda la lectura: La relación amorosa.
Voy a centrarme en las primeras treinta páginas para abordar esa relación. No necesita más que unas pocas páginas para que yo vaya a las cruzadas con un tirachinas para defender esa relación. Es tierna, es sincera, dulce y creíble. King tiene en Sarah uno de sus mejores personajes femeninos (de lo que llevo leídos, voy por orden cronológico y me falta Carrie). No era muy difícil dado que Salem’s Lot tiene a una unidad de señora que se tira en medio del parque al primer soplagaitas que ve y de Apocalipsis mejor no hablo. Sarah es redonda, una personalidad definida con dos pinceladas, entiendes todo de ella, sabes que la mueve, que busca, que necesita, que va a decir y hacer. Me he pasado todo el libro gritándola: «¡Pero qué censurado por spoilers!» y, al mismo tiempo, entendiendo porque lo hacía, empatizando con ella y con Johnny, Herbert, hasta con el médico.
En serio os digo que no comprendo porque no se ha premiado el talento innato, y pulido a base de pura voluntad y esfuerzo, que tiene Stephen King. A esta novela le quitas los elementos sobrenaturales, cosa que no es muy difícil, y estaría en boca de toda la crítica mundial como un drama intenso, recibiendo premios y alabanzas. Pero claro, tiene el elemento sobrenatural (Y la inquina que le tienen por tener éxito y encima en un género de nicho). No bromeo cuando os digo que me pasé el mes de lectura poniéndole a mi compañera de trabajo la cabeza como un bombo con la relación de Johnny y Sarah. Para mi esta novela son ellos. Luego pasan movidas alrededor, pero yo estaba devorando el libro por ellos.
Bueno, supongo que mencionar el elemento mágico pone punto y final a la parte del artículo en la que he ido con cuidado. Podemos pasar ya a desgranar porque Johnny tiene el resplandor y porque Walt se tendría que morir. Walt, muérete. No he visto en mi vida un personaje que saliendo tan poco e importando aún menos pueda generar tanto odio. Lo genera en mi, a mi compañera le importaba tres mierdas, pero Walt es el mal de este libro, es el desgraciado que se mete en medio de mi relación idílica entre Johnny y Sarah. Él y un coma de cinco años, pero el coma es secundario, aquí el malo es Walt. ¡Qué asco le tengo!
Los que habéis leído esta novela os estará extrañando que me concentre en un tema que ocupará cincuenta páginas en un total de quinientas y que, encima, sea el punto central de mi lectura mucho antes de que esto sea una nueva novela con El Resplandor. Lo he dicho más arriba, esta novela le quitas ese elemento y la centras en el drama de una relación truncada antes de arrancar, en ese amor que pudo ser y no fue, y yo voy a Bangor, Maine, y le doy un abrazo a Stephen King y le suplico que me haga una secuela arreglándolo. Yo le doy las sinopsis: Un coche diabólico mata a Walt, Johnny y Sarah vuelven a estar juntos y nadie pregunta más por el coche. Mil páginas de la vida de Johnny y Sarah.
Dejando a un lado mi obsesión con esos dos (King, no voy a olvidar que, o haces muy mal las cuentas o el traductor es idiota, Sarah se queda embarazada de Johnny y no haces ni media mención a esa posibilidad), tengo que admitir que todos los elementos que levanta King entorno al resplandor de Johnny son magistrales. Se ve perfectamente como funciona su proceso de trabajo, como va escribiendo y la novela va apareciendo a su alrededor. Se nota. De la nada te mete una escena de un vendedor de pararrayos y aquí nadie entiende nada hasta que King chasquea los dedos ochocientas horas después y te hace un triple con esa escena que parecía no venir a cuento. Es más, tanto yo como mi compañera estábamos convencidos de que esa escena iba por Dan, el ex-novio tóxico y agresivo de Sarah. Fijaos si va dejando cosas según avanza la novela y como recoge unas y desecha otras. Dan esta ahí para que comprendas que lleva a Sarah a los brazos de Walt, y ya.
Es una novela preciosa y muy política. Me entró una risa histérica cuando King detiene en seco la narración para cagarse en Nixon. Es un hombre muy preocupado con la política de su país y se nota. La novela te lo grita a la cara a la menor oportunidad y, como si fuera Casandra, vaticina un tipo de político que veríamos en este nuestro futuro. Es imposible, para un lector moderno, leer esta novela y no ver a Trump, Ayuso, y compañía porque sigue la misma táctica de promesas imbéciles y una arrogancia insultante respecto a las normas. El resto respetan las reglas, yo me las salto y el populacho me aplaude por hacerlo. Podría eliminar toda referencia a la juventud de Greg y como mata a patadas a un perro (Y el tema de usar el engaño y la manipulación para follar) y seguirías notando como es una bomba de relojería muy bien camuflada.
Tal vez King peca de ingenuo u optimista, o tal vez nos hemos vuelto cínicos, o algo peor, el mundo se ha vuelto más permisivo, respecto a la forma que tiene de concluir la trama de Greg. Me gustaría creer que eso sería suficiente. Me gustaría mucho. Al menos a la novela le sienta como un guante. Es uno de los mejores finales, sino el mejor, de los que le he leído. Es perfecto, una clase magistral de cómo cerrar la función mientras le vas hundiendo un puñal oxidado al lector entre las costillas. No voy a superar esas cartas, ni esa despedida de Sarah. Ni una traducción extrañísima consigue romper ese vinculo que crea King conmigo.
Algo debe notarse en que llevo escribiendo y escribiendo sobre ella porque lo necesitaba. Entre la última entrada de King y esta he leído la Larga Marcha, que me ha gustado, pero no he sentido ese impulso demencial de escribir sobre ella. La zona muerta ha llegado a la cima, ahí esta, sentada a la diestra de Bajo el bramido del cúlebre (King lo hace muy bien pero no es Lapresa escribiendo sobre un kaiju versus carlistas), y me parece precioso que lo haya conseguido, al menos, repito, para mi, a base de crear una de las parejas más bonitas y tristes que he leído. Esto último me recuerda, si alguien ha leído la zona muerta y conoce una novela que aborde una relación de forma similar, pero que acabe bien (Ensartando a Walt en una pica) que me lo diga que quiero desquitarme y ver una relación trágica que acaba bien.
Dicho esto, y para terminar, uso mucho las comas, seguro que mal, mi editora me pegará siete tiros por hacer esta gracia; leed La zona muerta o releedla. Es un libro precioso.
PD. Arroba editoriales. Haced de una vez una colección de Stephen King completa en tapa dura y con unas portadas buenas. Contratad a Arnau Vendrell que os las hace divinas.

