2025 está siendo un año horrible en lo que a mi respecta. Una de esas montañas rusas que no para de bajar. Es, sin duda, el mejor momento para leer un mastodonte de mil quinientas páginas sobre el fin del mundo.

Formando parte de la lectura conjunta que estoy haciendo con mi compañera de trabajo, Apocalipsis se ha convertido en un ancla en estos meses. Un punto al que volver y adentrarme en sus páginas de miseria y horror como quien vuelve al calor del hogar. Es una de las virtudes de Stephen King, podrás leer las cosas más abominables imaginadas por el hombre, y seguirás sintiendo, con las pinceladas de humanidad que gotean aquí y allá, que estás ante tu propio abuelo que te cuenta una anécdota terrible, pero con tanto arte que acabas con buen cuerpo.

Mil quinientas páginas. Cuatrocientas sesenta mil palabras.

Es un libro titánico. Aquí es dónde entra el título del artículo. Stephen King más de una vez ha dicho que La Torre Oscura es su El Señor de los Anillos. No puedo comentar como de verás es esta afirmación, solo he leído el primer tomo de la saga. Si puedo asegurar, que Apocalipsis también lo es. La extensión podría considerarse como un punto clave para la comparativa, pero va mucho más allá de eso. Para empezar, diremos, entrando en spoilers (A partir de aquí daré por hecho que habéis leído el libro), que la novela tiene hasta el mismo mensaje de fondo. Tolkien podría haber puesto muchas pegas a este libro, pero no al tema central: «El bien no puede destruir al mal mediante sus propias artes, pero siempre debe combatirlo mientras deja que el propio mal se autodestruya.»

Unas breves sinopsis. ¿De qué trata Apocalipsis? Más allá de lo que nos indica su título. Estados Unidos, haciendo honor a su historia, ha creado un virus mutante de la gripe, El Capitán Trotamundos, que en menos de un mes borra de la faz de la Tierra al 99,6% de la humanidad. Todo lo que podía salir mal con el virus, sale mal. Los protocolos fallan y las medidas de contención también. Y eso, es solo el principio. A partir de ese cataclismo empezamos a seguir a un variopinto grupo de personajes que deambulan por un sepulcro anteriormente conocido como Estados Unidos. Cada uno de ellos se ve atraído por una serie de extraños sueños hacia un lugar. Algunos van al sur, a Las Vegas, en busca de Randall Flagg. Otros, acaban con sus pies ante una centenaria anciana llamada Madre Abigail.

Se ha iniciado una batalla entre el bien y el mal. Randall simboliza todos los horrores del hombre y Abigail todas sus esperanzas. Y en medio de todo este lio bíblico nos encontramos con las vidas truncadas de una docena de personas a las que seguiremos en su duelo por el mundo perdido.

Apocalipsis tiene mucho de estudio de personajes y sociología. Vemos con horror como podemos estar abocados a tropezar con las mismas piedras. Pero hay espacio para creer que podemos salir mejores. El espíritu Tolkien vaga aquí y allá impregnándolo todo. Flagg es un Sauron con botas altas y vaqueros ceñidos que no trata nunca de ocultar su referencia. La novela no para de llamarlo Señor Oscuro, y Flagg puede ver a través de bosques, metal y carne, dispone de su propio ojo maligno. Controla a las alimañas del mundo y hasta tiene a su particular Gollum a sus ordenes.

¿Pueden ser mis propias interpretaciones? ¿Qué veo conexiones allí donde no las hay? Es posible, pero creo que hay suficiente base para hablar de ello. Una necesidad que he tenido desde que termine su lectura y que me esta obligando a aporrear el teclado a cuarenta grados. ¿Por qué? El libro me ha llegado. Incluso con sus cosas, que las tiene, su mensaje me parece precioso. Hay que oponerse siempre al mal, pero éste, por su propia naturaleza, acabará por implosionar solito.

La novela rima en multitud de segmentos con la trilogía. Ya he mencionado las referencias al Ojo, pero vayamos directamente al clímax (Qué no final, porque King necesitaba cuarenta páginas de costumbrismo invernal): Flagg herido en su orgullo, viendo como su particular torre de Babel se desmorona por sus propios errores de ego y juicio, utiliza sus poderes de forma muy llamativa por primera vez en toda la novela. ¿El motivo? Dar ejemplo. Crea una bola de energía con la que quemar vivo a un desertor. Durante mil quinientas páginas hemos visto trucos de salón, prestidigitación, juegos de manos, levitación. Un juego de niños. Es aquí donde Flagg se abre en toda su gloria y… Eso le cuesta el trono de sangre y huesos que se estaba construyendo.

Su particular Gollum, recayendo en su naturaleza volátil, reaparece en el último momento cargando con una cabeza nuclear que el truco de Flagg detona sin que este pueda hacer nada por evitarlo.

Podría argumentarse que los protagonistas de la historia no han hecho nada. Podrían haberse quedado en su casa tranquilamente y Sauron se habría despeñado como una cabra igualmente. Pero no, es precisamente el oponerse a él, ir a través del desierto sin más plan que enfrentarlo, el que lo rompe y acaba con su destrucción.

El mal se destruirá solo, pero el bien debe enfrentarlo siempre.

Ahí se encuentra el tema central. Hay capas y más capas sobre nuestra naturaleza como individuos, como grupo y como sociedad. Vemos como la humanidad es compleja dejándose arrastrar por sus instintos, prejuicios y arrebatos; pero también vemos que hay bondad en nosotros y eso Flagg no lo ha visto. Y por eso cae.

Hablemos ahora de la obsesión que tiene Stephen King con follar. Estefano Rey, hijo mío, aunque te cueste concebirlo, tocarle las tetas a una persona no hará automáticamente que tu cerebro se apague y te quieras acostar con ella. Y sigo sin entender como es posible que intentando agarrarla por los hombros acabes con ambas palmas en sendos pechos. A mi me lo tienen que dibujar en un croquis porque ni en un anime se ve semejante estupidez. Comprendo la intención, el sexo es algo intrínseco a la sociedad por mucho que quiera esconderlo debajo de la alfombra. Pero llega un punto que leyendo sentía que estaba escuchando la maquina de escribir de un adolescente. Los encuentros sexuales de Larry eran una fantasía sexual y un insulto misógino a la vez. Todo lo referente a Rita deja mal cuerpo por culpa de Larry que la trata como si fuera un trapo deforme porque, ¡oh, sorpresa! es una señora que le dobla la edad y por ende, tiene arrugas. Pero aún así se sigue acostando con ella porque una cosa es que le dé asco y otra muy distinta es que Larry vaya a dejar de echar un polvo porque le parezca una vieja pelleja.

Esto se puede achacar a que Larry, no es un buen tipo. Esa es su cruz, la penitencia que tendrá que arrastrar durante la novela. Incluso cuando se acuesta con Lucy a pesar de amar a otra persona única y exclusivamente porque Larry no puede aguantarse ni un mes sin follar. Lo mismo podríamos decir de Stu y Frannie (Frannie, lo siento mucho, pero eres gilipollas y al final de la novela me remito); sus escenas de sexo son la forma de King de demostrar una conexión profunda entre ambos. Había otros medios, pero llevarían más páginas, imagino.

Pero hay una parte que si se nota que es Stephen King, el señor blanco de cuarenta años, el que escribe. Ni yo, ni mi compañera, nos pudimos creer la sarta de tonterías que suelta en boca de Nadine Cross. No, King. No me creo que una mujer vaya a decir que no esta disfrutando un cunnilingus porque eso ni es follar ni es nada y que aquí o la penetran o no disfruta ni siente placer. Eso no te lo crees ni tú. Y lo tenías muy sencillo para no hacer eso. El conflicto del personaje era evidente, solo tenías que rascar, y con Harold lo mismo. Haz que se enamoren, que empiecen a sentir simpatía por el otro y que sea la influencia de Flagg la que les atormente. Que deseen tener una vida juntos lejos de todo y que Flagg los vaya empujando lentamente al precipicio hasta romperlos una vez los ha usado. Funcionaría mucho mejor porque ambos nos parecerían piezas rotas a merced de fuerzas superiores a ellos. Su naturaleza les ha empujado al abismo, pero juntos podrían haber evitado caer, y por eso Flagg los arrastra.

Si, lo sé. Esta mal considerar un fallo algo solo porque no esta como a ti te gusta. No se me ocurriría ni insinuar que lo habría hecho mejor que King, si digo que King tenía y tiene la capacidad de hacer lo que he dicho, y no se le ocurrió. Ambos tienen un momento de «redención» y «simpatía» al final. Pero creo que habría funcionado mejor como una historia de amor condenada al fracaso que como lo que es, una comadreja sádica y salida y una mujer arrastrada por una fuerza imparable que no pide ayuda bien en ningún momento.

Tal vez solo quiera darle otro rumbo a Nadine para evitarme pensar otra vez en una escena que tengo grabada al mismo nivel que Kasca durante el Eclipse Negro en Berserk. Hay algo malsano y horrible en la forma de narrar de King durante esa escena. Logra todo lo que se propone con ella y yo, prefiero no volver a pensar jamás en ella.

He hablado de la parte que me ha gustado y de la que no me ha gustado.

Entre medias de ambas hay una novela magistral que podría durar otras cien mil palabras y las bebería sin dudarlo. Es una experiencia que no creo que vuelva a repetir, un momento demasiado horrible como para volver a él, pero que me ha enseñado mucho como lector y como escritor. Stephen King es un prodigio que enseña a escribir leyendo. Tiene una cantidad de trucos en la chistera que dejaría en ridículo a David Campodecobre. Ahora solo espero (Y la lectura de Doctor Sueño me indica que así será) que su perspectiva sobre los personajes femeninos amplíe el catalogo a algo más que comparsa y alivio sexual.

Dicho esto. Ya me he quedado tranquilo.

Leed Bajo el bramido del Culebre.