Empiezo esta diatriba estando en el centro de la lectura de la novela de Shelley. ¿Por qué hago esto? Lo lógico sería esperar a finalizar el libro a fin de tener todo en su sitio. Pero creo que es un experimento interesante. Frankenstein es una lectura que tacha al fin uno de esas obras que todes les amantes del género deben leer. Sin embargo, lo hago ya envenenado y eso puede afectar a la lectura (De ahí escribir ahora y no al terminar). Vaya por delante que no he visto la versión de Whale, ni la de la Hammer. Siendo Van Helsing mi mayor acercamiento al personaje junto a la adaptación de Branagh y el chiste de Mel Brooks. La cultura popular ha rellenado el resto.
¿Por qué comento esto? Al final, con el paso de los años, la historia de Shelley ha permeado en multitud de medios e historias. Y esto genera un problema a la hora de abordar la obra original. En la mayoría de casos, queda una sensación de vacío, de ver algo menor porque has visto permutaciones más ambiciosas y pulidas del original. En este caso el problema que tengo es otro. Van Helsing coge a la criatura y la dota humanidad y le otorga el apellido de su creador. Versión que yo aceptó sin queja alguna porque lo veo algo obvio. Víctor gesta y da vida al monstruo por tanto, legarle su apellido es algo que el libro debería tratar.
Hasta ahora no lo ha hecho y temo que no lo haga. Aquí llega mi problema con la novela. Víctor es una pésima persona, un arrogante que hace bomba de humo cuando el universo deja de bailar a su son. Aquí la víctima es la criatura. No termina de nacer y se encuentra con el odio de su padre y la violencia de una sociedad que quiere asesinarlo solo por su aspecto. ¡¿Y él es el monstruo?!
Esto genera un problema, y es que el protagonista es un cabrón que nos vende que es un ángel que se fustiga por sus actos, pero en ningún momento se plantea el daño que ha hecho a su hijo. El narrador no fiable aquí se convierte en cretino no fiable. Detesto a Víctor. Soy incapaz de verle nada redimible. Sus actos provocan todo el horror de la novela, y su culpabilidad siempre vuela como: Yo soy el origen, pero el monstruo es ese, el feo, a por él.
Justo cuando escribo esto estoy al fin conociendo a su criatura, leyendo su monologo de como ha sido su penosa vida desde que abrió los ojos. Es lo mejor del libro y es otro clavo en el ataúd de la redención de Víctor que dan ganas de que alguien se acerque y le dé con una pala en la cara. El cine le ha vestido de científico loco, la novela lo dibuja como un niño privilegiado que sale corriendo cuando su juego con las cerillas ha producido un incendio.
A nivel narrativo, la pluma de Shelley es muy aséptica y en muchos puntos se nota que se trata de una novela ampliada de un ejercicio de narrativa creativa en un caserón en Suiza. El paso del tiempo es difuso, se nos plantea el paso de años enteros de una forma tan borrosa que cuando te recuerdan que ha pasado X tiempo te quedas con el ceño fruncido un rato mientras haces cálculos porque parece que se ha equivocado.
Si es curioso, y me ocurrió también con la lectura de Dracula, que en el siglo XVIII y XIX tenía mucha más facilidad para que los personajes masculinos fueran hablando de lo guapos, hermosos y bellos que son sus amigos y lo mucho que los quieren. Porque tengo de referencia a Stoker, sino habría dicho que es cosa de Shelley. Es algo que choca tras años de leer a personajes masculinos que parecen escritos agarrando la cara de Clint Eastwood y estampándola contra el teclado; o puramente asexuales como le pasaba a Lovecraft.
Si puedo decir que la descripción que hace de la criatura, pese a lo escueto, es un dardo que se clava en la sien de lector. Es un diseño único e impresionante que no recuerdo haber visto en ninguna adaptación. La ilustración Bernie Wrightson es la que más se acerca, un rostro de músculos con un trozo de piel fina encima. Algo imponente e imperfecto, como si Víctor se hubiera quedado sin ganas de seguir perfeccionando a su criatura. Y puede que sea coincidencia, que este asumiéndolo por estar con Lightbringer rondándome en Bluesky, pero el hijo de Víctor parece enlazarse con la descripción que hace Milton de Lucifer, algo que encajaría en como es un ángel caído a ojos de Víctor.
Hasta aquí, la parte escrita con la mitad de la novela y, a partir de aquí, con la lectura concluida (Mi pronóstico es que Víctor se va a ganar un par de: «Me cago en ti», más).

Podéis llamarme Aramis Fuster, he visto el futuro y he acertado. Víctor es un cretino y diría que un narrador poco fiable de forma accidental. No estamos en disposición de preguntar directamente a Shelley, no tengo la Ouija a mano, para confirmarlo, pero Víctor cuenta la historia a su modo y siempre ignorando deliberadamente las pruebas y hechos que le llevan la contraría.
Se echa en falta a lo largo de la novela que se ahonde en todo lo relativo a la creación de la criatura. Víctor se escuda en querer evitar que se repita, pero tampoco se especifica los motivos que le llevan a embarcarse en primer lugar ante semejante odisea. ¿Qué le lleva a querer romper las barreras de la vida y la muerte? Implícitamente podemos aventurar que el simple hecho de hacerlo. «Si podemos, debemos.» parafraseando a Weyland en Prometheus. En ese aspecto su sucesor espiritual, Herbert West, deja mucho más claro que es la necesidad de conseguir romper esa barrera, como el atleta que se niega a rendirse hasta que bate el récord de velocidad.
Esto es una queja menor. El problema principal del libro, y que no se aborda hasta el final y de forma muy superficial, es que Adam, la criatura (La bautizo ya que Shelley ni Víctor lo hacen), es una víctima del propio Víctor y queda sepultada ante los prejuicios de éste y de su sociedad. Solo al final vemos algo de compasión, insuficiente pues se le sigue considerando un monstruo. ¿Es posible que esa fuera la intención de Shelley? ¿Buscar en la beligerancia obtusa de Víctor una respuesta contraria en el lector? Es posible, quiero creer que es así, pues tenemos el capítulo dedicado al trágico primer año que pasa en la más absoluta soledad. Víctor lo considera una trampa, un truco para que sienta empatía por el monstruo, pero como lector siento que Adam es un niño abandonado y vapuleado por un entorno que lo odia. Alguien bueno por naturaleza, un ángel que las circunstancias empujan violentamente hasta el infierno. Su forma de actuar, como ayuda a la familia de forma desinteresada, como después de ser expulsado y abandonado por esa misma familia su primer impulso al ver una niña ahogándose es saltar a salvarla. Sus arranques violentos, aunque sea contra inocentes, se comprenden (Que no justifican) pues se ha educado en la violencia como único método valido a pesar de que su brújula moral le lleve en la otra dirección. No me extraña que se sintiera tan en sintonía con el Lucifer de Milton.
Hablando de Milton, un breve apunte sobre las conveniencias de guion. Tengo que aceptar, por el bien de la trama, que en medio de ninguna parte se encuentre con obras de la literatura universal, que alguien tenga que aprender el idioma porque es de fuera y otros flecos necesarios para que Adam aprenda; pero podría haberse esforzado más en pulirlo para que no se note la conveniencia. Sobre todo porque explican que aprende de una familia de franceses, pero Víctor es de Suiza ¿También habla francés? Se siente como si una vez solucionado el aprendizaje del idioma se hubiera olvidado de que se hablan varios en Europa, porque podemos aceptar que se comunique con su padre en francés, pero luego habla con Robert Walton y es inglés.
Estoy pidiendo demasiado y es culpa de Víctor. Le he cogido tanta tirria y asco a lo largo de la novela que en lugar de involucrarme emocionalmente en su deriva al infierno solo puedo ver los agujeros que va dejando Shelley. Adam por su parte cuando aparece ha matado a un niño e inculpado a una chica inocente. Debería ponerme de parte de Víctor, es lo que intenta su narrador durante toda la novela, pero no puedo evitar sentir una profunda compasión por una criatura que ha sido lanzada al mundo con una brújula moral intachable y que el resto de la sociedad se dedique a retorcerla. Tengo la sospecha que Hyde bebe mucho de esa reacción visceral que tiene todo el mundo con Adam, pero Stevenson justifica esa reacción en base a que la gente de forma instintiva siente la maldad manar de Hyde; el hijo de Víctor es pura bondad encapsulada en una carcasa deforme, no hay nada malo en él salvo su aspecto del cual no es responsable.
Estoy dando vueltas a lo mismo, al final estos artículos sirven más para desahogarme con los pensamientos y emociones que me produce la lectura que como un ensayo bien estructurado. Tengo que terminar señalando lo impresionante que es esta novela. Mary Shelley se adelanta a los dilemas de la ciencia moderna y nos lanza una historia que aúna el terror existencialista y la ciencia ficción. Sobrevuela temas que servirán de germen a multitud de autores posteriores. Ella fue el gigante sobre el que se alzaron otros. Eso no se le puede quitar.
Pero Víctor Frankenstein es un capullo.
Y la mejor versión de Adam está en Van Helsing de 2004.

