No voy a desvelarle ningún misterio insondable y secreto a nadie si digo que hemos estado encerrados en el mundo anglosajón en lo que a fantasía se refiere (Y lo que no es fantasía). Se ha definido muchas veces a Tolkien como padre de la fantasía moderna. Sin desmerecer al autor de El Señor de los Anillos, hay que admitir que se ha vivido en un incesto perpetuo y cíclico respecto a las obras más populares del género. Una serie de bastardizaciones más o menos conseguidas del mismo cimiento. No podemos extrañarnos que en la cultura popular hablar de fantasía es: Elfos, enanos, dragones y hadas. Siendo la cuarta una adición de la literatura infantil y el resto elementos repetidos hasta la saciedad.

¿Por qué empiezo hablando de esto? Hay que señalar de dónde venimos para festejar (Y defender con uñas y dientes) donde nos encontramos. Sorgina es una obra que tiene sus pies hundidos en el mito y folclore del norte de la península ibérica. La idiosincrasia de sus gentes y su historia impregna sus páginas al igual que lo hace el olor a pino, castaño, musgo y río. Una narración que abraza una mitología propia y desconocida para muchos (Empezando por mi, aunque lleve unos años corrigiéndolo, conocemos más al demonio de Jersey, los Kelpies y los goblins que al herensuge, el culebre o las bruixas). Alister Mairon nos trae a Paloma, una cazadora de monstruos, y la une a esos, cada vez más numerosos, ejemplos de protagonistas de fantasía con inspiración nacional, como son Geralt de Rivia o Juana de Liébana.

Dado este rodeo, ¿de qué trata Sorgina? Estamos ante un libro que reúne en su interior cuatro aventuras independientes de Paloma, pero unidas entre sí en un viaje por diferentes localidades del norte de España desde pequeñas aldeas hasta Santander en un siglo XVII lleno de peligros tanto dentro como fuera del bosque (En las cuevas habrá lobisomes, pero en la aldea puede haber un inquisidor cabrón y no sé que es peor). Antes de avanzar más, compradla, leedla. Es una lectura amena, divertida y que cuando quiere te agarra del pecho, lo estruja como un trapo mojado y luego lo tiende para que seque. Aun estoy superando el final de la segunda aventura ¿Por qué es tan difícil construir una maquina para entrar dentro del libro a darle un abrazo a Paloma? Dadle una oportunidad para que Paloma entre en vuestras vidas, y Aker os seduzca. Aprovechad porque en Cetus las unidades están desapareciendo a toda velocidad.

¿Y qué nos vamos a encontrar en sus páginas? Magia. En el sentido más pagano y primitivo del termino. Se siente como estar mirando los secretos de un mundo olvidado. Paloma deambula por un mundo en que crees que a la vuelta de la esquina puede encontrarse con un culebre, y que, al mismo tiempo, ese mismo bosque lo podrías ir a visitar mañana mismo porque esta ahí. Ayuda mucho la forma de narrar de Alister, con cuatro pinceladas dota de alma al entorno y a los que lo pueblan. Jamás he odiado de forma tan visceral, automática y rápida que a César en este libro. Valiente *Censurado*. Lo mismo se aplica a Paloma y Aker, quienes más nos van a acompañar por las páginas del libro. Aker tiene un carisma de cabroncete con corazón de oro muy disfrutable. Paloma va aguantando el peso del mundo sobre sus hombros sin quejarse. Y el resto de personajes que pululan por las diferentes aventuras están igualmente vivos. Miguel hace que se me salten las lágrimas cada vez que leo su despedida.

Hablando de Miguel, otra cosa a destacar de Sorgina es su uso de las diferentes lenguas que pueblan el norte de España. Los campesinos te hablan en bable, y se usa también para señalar los estratos sociales pues da igual que sea el medievo, el siglo XVII o el XXI, que el idioma se va a usar también como mecanismo represor y la novela te lo muestra con cuatro trazos y lo sientes en las propias carnes.

Tampoco quiero destripar demasiado, pues son historias cortas, de unas cien páginas cada una. Yo las he disfrutado a pequeños sorbos durante mis paseos por mi pueblo y puedo decir que nada más relajante que leer Sorgina con el sonido de la garganta de fondo y el olor del bosque impregnando el aire. Era como si fuera la propia Paloma la que me contase sus desventuras sentada al lado en el malecón de piedra, con las montañas a lo lejos.

Aprovechad y comprad a Sorgina.

Y seguid a Cetus, que tiene libros para todos los gustos, cuidan y miman hasta los detalles y, aun más importantes, no usan IA.