Sinceramente, yo debería estar terminando el artículo sobre mi nueva novela, que para algo lleva un mes en mi cabeza y desde el 13 de noviembre en borradores. En su lugar, aquí estoy, escribiendo un buen puñado de palabras inconexas, de las que necesito desembarazarme, sobre mi saga de juegos favorita. No sé que me ha llevado a volver a ella, empezando por orden cronológico, Halo Reach, y estando inmerso en estos momentos en Infinite (Porque a algún iluminado de Microsoft le pareció coherente que Halo 5, parte esencial de la saga, no este en PC).
¿Por dónde empezar? Es difícil. Hablamos de una de las sagas de ciencia ficción cumbres de este siglo. Una muy maltratada y a la que no se le hace el caso necesario porque, me remito al párrafo anterior, en Microsoft hay demasiado iluminado. Hablamos de un universo en el que la humanidad lleva viva millones de años, que ha conquistado el cosmos y después fue «reiniciada» a causa de una plaga que asolaba todo el universo. Una saga con una sociedad belicista formada por multitud de especies que se han enzarzado en una guerra santa; con una especie antiquísima que decidió, en un último acto de generosidad, inmolarse junto a toda vida orgánica, para salvar el futuro.
Da igual a dónde dirijas tu atención, allí habrá algo único, ya sea por enfoque o por cómo se conjuga con el resto.
Por supuesto, estamos en 2025, hay que mencionar que, cómo la mayoría de trabajos colaborativos, estamos ante una narrativa que se ha ido amoldando a los tiempos. ¿A qué me refiero? Halo 1 era un juego de acción ambicioso con un giro de guion interesante que parece salido de haber visto Aliens y La Cosa. Hay ambición, hay ganas de hacer algo nuevo, pero está gateando. Por eso aquí voy a hablar desde la perspectiva del conjunto tal cual está hoy y, más importante, centrándome en mi obsesión favorita:
John y Cortana.

Estoy seguro de que hay multitud de artículos, reseñas, videos, reels, tiktoks, y demás palabrería que no entiendo porque mi brecha generacional esta en Instagram, que abordan el mundo, la jugabilidad, el multijugador, la sensación de disparo, el incontrolable y divertido sistema de conducción. Pero yo me voy a centrar en ellos; el núcleo.
Empecemos con John, un niño secuestrado, alienado, torturado y triturado por un sistema que se estaba desmoronando por sus tensiones internas. La humanidad estaba al borde de colapsar sobre sí misma en una sucesión de guerras civiles que los Spartan iban a gestionar con puño de hierro. Niños soldados convertidos en marionetas tiránicas por gentileza de la doctora Halsey. Halsey daría para hablar durante una semana de convivencias. Un Mengele de manual que se escuda en la pura suerte que fue la aparición del Covenant para justificar el haber secuestrado a miles de niños, haberlos pasado por un infierno médico del que los más afortunados murieron y haber jugado a ser dios con los supervivientes. Recordemos, Halsey creó a los Spartan para parar en seco una sublevación humana, eran su Gestapo particular, para ella y para el Gobierno. La aparición de un enemigo común e imparable fue lo único que transformó a John y los suyos en ángeles en lugar de demonios.
Halsey creo una criatura a base de los fragmentos rotos de un ser inocente. Lo único que la diferencia de Víctor Frankenstein es que ella si se siente orgullosa de todas las salvajadas que ha hecho. No ve ningún tipo de inconveniente, ni el más mínimo, en haber sometido a semejante tormento a tantos niños. Esto puede explicar en parte la idolatría que sienten todos los Spartan por su «madre»; es una figura mesiánica, sé cree de tal forma lo de estar por encima del bien y del mal que contagia de su visión atrofiada a sus hijos. No la ven como el monstruo que es porque no quieren o no pueden.
Eso nos devuelve a John, la criatura fabricada a base de los trozos de un niño, sin memoria, con piel de combate y cerebro de acero. No es un monstruo apático, es un niño vacío, un pinocho que aún conserva los hilos que le llevan siempre en la misma dirección: Completar la misión. Pero ese aparente cascarón aún mantiene su humanidad, sepultada bajo infinitas capas de adoctrinamiento, entrenamiento y conocimiento táctico. Y para explicarlo tengo que traer a su particular Pepito Grillo, su Euridice: Cortana.

No he escogido por casualidad estas dos imágenes para representarles, ambas nos hablan de quienes son ellos mismos y que son para el otro. Cortana actúa como corazón dentro de la maquina que se supone que es el Jefe Maestro. Ella es la más humana de los dos de forma más visible. Ella bromea, se preocupa, muestra empatía, todo de una forma directa sin vergüenza ni timidez. Un niño que es una maquina, una maquina que es una persona. Como diría George Lucas, hay poesía en esto, rima. Por supuesto, una vez más, dudo que estos elementos estuvieran siquiera esbozados en Halo 1, pero si estaban después. Lo que empieza con unos diálogos de compañerismo, para amenizar un protagonista prácticamente mudo, se fueron convirtiendo con las entregas en una relación íntima de gestos más que palabras, de promesas y acciones.
Orfeo y Eurídice es uno de esos mitos eternos que se repiten una y otra vez, incluso sin que nos demos cuenta. Deméter yendo a buscar a Perséfone; Izanami e Izanagi; Hércules rescatando a Perseo; Dante; Boroboro y Sakura (El cazador de shinigamis, dicen que es buenísimo, compradlo que es un gran regalo de Navidad y apenas se ha notado la publicidad supraliminal); o Beren y Luthien. Un personaje desciende a los infiernos y hace lo imposible para rescatar lo que más ama. A veces sale bien, Luthien logra sacar a Beren de la fortaleza; otras mal, Izanagi es un gilipollas; y otras regular, Orfeo es incapaz de mantener la vista al frente, pero el elemento central es esa voluntad de hacer lo imposible. John lo hace por Cortana y ella lo hace por él.
Halo 3 le busca excusas a John para que pueda justificar ir a Gran Caridad a buscar a Cortana: «Es por el bien de la Galaxia», «Ella tiene la clave del éxito», «Ella tiene un plan».
343, cuando tomo el relevo de Bungie, lo entendió. No necesitas darle una excusa narrativa a John, precisamente necesitas quitársela y mostrar lo que haría. Bajaría al infierno por Cortana y nada ni nadie se lo podría impedir. Ahí está su corazón, roto y enterrado, aferrándose de forma casi enfermiza al único ser al que quiere, una IA. El soldado perfecto se desmorona en cuanto la vida le pone entre Cortana y las ordenes.
Volvamos un instante a Halo 3, y a la primera imagen, y vemos las semillas que 343 harían germinar en el final de Halo 4. Ese es John, el que se interpone entre un cataclismo cósmico y Cortana. Y 343 lo hace rimar con el final de la cuarta entrega cuando es Cortana la que se interpone entre dicho cataclismo y John. ¡Y nos dan una escena preciosa y desgarradora entre ellos! «Llevo una eternidad queriendo hacer esto», dice Cortana tocando por primera vez a John. Y él comprendiendo lo que ha pasado y no siendo capaz de procesarlo. Esta roto, no le enseñaron, no le dieron las herramientas adecuadas para lidiar con la perdida y esta a punto de perder para siempre al amor de su vida.
La palabra amor no la uso alegremente. No es necesario que sea en un sentido romántico, y mucho menos sexual, para ver que ambos se quieren de una forma que haría temblar de sana envidia (Porque son unos benditos) a Beren y Luthien. El inicio de Halo 4 tienes a Cortana dudando de despertar a John, aunque tiene que hacerlo, por puro miedo a que la vea en su estado. Sabe que es irreversible, que se esta muriendo, y teme mostrarse así de vulnerable ante John. Es un segundo de duda, una mirada, pero lo dice todo. Por un lado porque no quiere que él la vea así, por otra sabe que es un tozudo y tratará de arreglar lo imposible. Y no quiere despedirse así, no de él.
¡Y después de ese final! ¡De ese broche trágico en el que tenemos a John pensando si es una maquina! Nos dan Halo 5 con una carrera a la desesperada por recuperar algo que ya no existe y después Halo Infinite a reabrir un corazón sangrante. Es una historia de amor preciosa encapsulada en una tormenta de balas. Y es que Cortana fue su único eslabón a la humanidad, no es casualidad que Halo 4 muestre esto en su final. Ella es una Spartan de última generación y John le saca dos cabezas.

Mientras Cortana actuaba como nexo entre el resto de la humanidad y John, siendo también su ancla emocional, él se iba distanciando. Halsey, Chispa Culpable y la Bibliotecaria lo consideran el siguiente paso en la evolución humana, el superhombre de Nietzsche, pero la primera, en su huida hacía delante y sus delirios megalomaníacos, se le olvido que la humanidad no es solo cerebro. Cortana actuaba como corazón provisional, pero una vez desapareció, John se convirtió en lo que el resto del ejercito ya creía que era: Un símbolo, un ideal. Es algo inalcanzable. Un error con buenas intenciones; como la criatura de Frankenstein.
Haré otro paralelismo. Superman, al igual que John, es superior a la humanidad en todo. Pero Superman inspira al humano común a ser mejor, a escalar, a unirse a él en el Sol. John es un hito inalcanzable. El resto de soldados lo veneran como un Arcángel que baja de los cielos a prestar su ayuda y su espada llameante y después se ira. No les inspira a ser como él. El piloto de Infinite es buen ejemplo, ve algo que le pide más de lo que él esta dispuesto a dar o incluso puede dar; John no le inspira a ser mejor soldado, solo le recuerda lo minúsculo que es mientras él sigue avanzando como un evento cósmico encapsulado en una armadura. Esto entronca con la aparición de Arma y con lo que vengo comentando de su relación con Cortana. Sin el nexo de unión, sin esa IA haciendo comentarios para enmascarar que John es incapaz de relacionarse con nadie de una forma sana, se vuelve una maquina cuya misión es salvar a todos los que pueda, aunque para ello tenga que mover estrellas. Es una buena persona, pero incapaz de serlo más allá del campo de batalla.
Al final, su único amor duró mientras las balas silbaban a su alrededor, no hubo calmas en las que abrirse, en las que sanar esa personalidad infantil abortada, solo el alivio momentáneo entre explosiones que le daba esa voz llena de confianza. Cuando ella se perdió, él lo hizo a su lado. Por eso es tan bonito la revelación de Infinite, el mostrar que esos lazos no estaban solo en Cortana, que tiene la capacidad de establecer vínculos más allá de ella. Ese es el último regalo de Cortana: Ama de nuevo, John.


Lectura fascinante que entrelaza mito y ciencia ficción. Ideal para quienes disfrutan de historias reflexivas y originales.
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