Christopher Nolan es un director de extremos. Algo que siempre me ha resultado curioso. Me sorprende que un artífice tan blanco pueda generar tal odio o devoción, según el caso. Nolan es un artesano, un cineasta que, al igual que le ocurre a Cooper, parece haber nacido a deshora. Su estilo esta más cerca de la ola de directores que nacieron en los setenta (Lucas, Spielberg, Carpenter, De Palma) que de la actual. La palabra artesano no la utilizo por nada, es alguien que le gusta sentir las manos en la tierra. Se aleja de las convenciones actuales para sumergirse en un estilo que podríamos considerar arcaico.
Sus obsesiones con el celuloide se ponen de manifiesto con algo tan simple como su terquedad a abandonar la película y los procesos químicos de revelado. Una actitud propia de un supersticioso que achaca a esa fisicalidad una fuerza innata, como si el cine careciera de magia a través de una lente digital. Podría argüirse que algo similar ocurre con esa enemistad al reino del efecto por ordenador, pero estoy convencido de que se trata de algo puramente performativo. Algo sujeto a vender al público una imagen atemporal y evocar tiempos más sencillos. Al igual que ocurre en tantas otras cintas como Top Gun Maverick o la última tanda de la saga de Jurassic World.
¡No usamos CGI! Aquí todo es práctico.
La mayoría de las veces es una burda mentira y cuando no es mentira estamos ante los efectos más cutres de la historia de la humanidad. Puede venir cualquiera a discutirme el brontosaurio de Jurassic World y el Dilofosaurio de Jurassic World Dominion, son los dos efectos más cutres de la película y están rozando el aparecer en los Teleñecos, con la excepción de que me creo más a la Rana Gustavo que a estas marionetas. Pero me he desviado ligeramente, pues esto iba sobre el CGI. Se vendió que los aviones de la película de Tom Cruise eran reales y que los raptores de Jurassic World también, en ambos casos había capa tras capa de efecto digital, de cientos de hora de trabajo computerizado y de artistas digitales.
Nolan adolece de lo mismo. Si, intenta por todos los medios de dar peso a sus efectos, de anclarlos al mundo real, pero eso solo no funcionaría sin el CGI apropiado. Algo que por mucho que se esfuerce no puede ocultar. Si tengo que decir que, dejando a un lado ese afán de echar por tierra a parte de su equipo artístico, su proceso de producción es el ejemplo a seguir. Tener planificado todo, hacer lo posible con medios físicos y lo imposible con digitales. Esto permite brillar a ambos y, al mismo tiempo, hacerlos invisibles. Es el estilo de Spielberg. Cuando Rexy entra en escena, la maestría de Stan Winston y Dennis Muren en animatrónica y CGI respectivamente fueron clave para convertir el monstruo en un personaje más.
¿A dónde quiero ir con todo esto? A parte de que me gusta divagar, hay algo vital en la forma que tiene Nolan de afrontar sus películas. Ese aura de realismo absoluto que le ha granjeado no pocos enemigos a pesar de que su estilo esta claramente enfocado a todos los públicos. Nolan hace fácil lo que M. Night Shyamalan intentó hacer en Señales, una película que viera desde el ultrafan hasta la madre que esta harta del friki de su hijo. Hacerlo parecer fácil es parte del problema. El discurso contrario a Nolan como director suele ir enfocado en torno a que trata a su público como idiota. Si, es cierto, pero es que gran parte del público es idiota. Hubo que poner carteles durante la proyección del Episodio VIII de Star Wars porque la gente se salía creyendo que se había roto la película. Tener un público obtuso y, al mismo tiempo, querer abordar temas complejos, es un problema de malabares que resuelve bastante bien. Casi siempre1.
- Sigo mosqueado por haberle robado la escena a Horizonte Final. Sobre todo porque roba la explicación, pero no el contexto. No tiene sentido que un ingeniero de la NASA no sepa como funciona un agujero de gusano. ↩︎
Creo que esto provocó que Tenet fuera vapuleada sin piedad y, para mi, es su mejor película. Es más simple que el mecanismo de una alpargata. Se esconde tras un juego de manos, pero es una película de espías, por supuesto que va a intentar engañarte, pero el público se perdió antes siquiera de que el mago enseñase la baraja. Parece haber una obsesión con intentar ver Tenet con más capas y profundidad de la que tiene.
Pero hoy no voy a hablar de Tenet, voy a hablar de su otra película que tiene el tiempo como elemento central.

Interstellar es considerados por muchos como la mejor película del siglo XXI. Yo no iría tan lejos porque existe John Wick 3 y Pacific Rim. Fuera bromas, entiendo perfectamente que se la considere en esos términos. Es una obra maestra a nivel técnico, sonoro, de actuación y con una de las bandas sonoras más reconocibles e icónicas de la historia. Y, durante años, doce para ser más exactos, tuve un problema (aún me colea pero cada vez lo tolero mejor) con esta película. En gran parte es culpa de lo que comentaba más arriba, su obsesión por dotar de un realismo absoluto a sus obras le juega en contra. Origen trató de delimitar tanto las reglas de sus sueños que cuando empieza a saltárselas alegremente es una bofetada al espectador atento. Interstellar hace algo parecido, aunque aquí lo hace por el bien del mensaje (De uno de ellos) de la propia cinta en lugar de por el correcto discurrir de la trama.
No. A mi el tema del amor y el discurso de la doctora Brand no me molesta. Ese suele ser el elefante en la habitación de la mayoría de detractores. Mi problema viene después, cuando Cooper entra en el tesseracto y Nolan decide agarrar la reglas básicas de la física y las tira por la ventana.
Hablemos de la paradoja del motor inmóvil. Un motor no puede ponerse solo en marcha, al igual que tú no puedes evitar caerte tirando de tu camisa hacía atrás. Física elemental, no puedes ser tu propio abuelo. Entrarías en una paradoja porque tendrías que existir de una forma que perpetua, siempre has existido porque siempre has sido tu propio abuelo. Entraríamos en un bucle infinito. Dos en el caso de la película pues tenemos a Cooper dándose las señas para poder emprender el viaje que le llevará a dejarse las señas para emprender el viaje y, al mismo tiempo, tenemos a la humanidad dándose los datos para poder trascender. Es incompatible.
Este detalle siempre me ha sacado de la película. Incluso la explicación de que es parte del mensaje, que no es un ente superior el que nos salva sino nosotros mismos los que nos damos las herramientas para salvarnos, no me servía para poder disfrutar de la película, porque Nolan ha intentado hacer algo tan verosímil que cuando se lo salta por el bien de la narrativa a mi me chirría tanto como si se pusiera a masticar porcelana. Sin embargo, como suele ocurrir, el tiempo altera la percepción. Este mes, febrero de 2026, al volver a verla, me he sorprendido al sentir cómo ese momento era un mero bache mientras mis emociones estaban centradas en el amor de un padre por su hija, de una doctora por su amor platónico y de un robot por el sarcasmo.
Esta semana, al fin, he disfrutado de forma absoluta de mi tercera película favorita de Nolan. Tenet sigue en primer puesto porque el carisma de Robert Pattison es arrollador, y El Truco Final me parece brillante y no me canso de verla.
Además, poder olvidar ese tema (y lo de robarle la escena a Sam Neil) me ha ayudado a percatarme de que todos los problemas que van afrontando los personajes son causados por dejar de guiarse por el amor. Murph se pierde en el rencor, su hermano cae en la apatía, Cooper en el deseo de ser más, Mann en la cobardía, el doctor Brand en el pesimismo. Uno a uno son los causantes de los problemas porque olvidan usar el amor como brújula. Incluso la obsesión de Cooper por regresar con sus hijos es más deber y necesidad que amor por ellos. Es cuando empiezan a guiarse con el corazón cuando todo se encauza. Murph recoge el reloj porque deja atrás el rencor y abraza el amor que no ha perdido por su padre y ese gesto le reconcilia con su hermano. Cooper quiere lo suficiente a Brand, y se arrepiente de lo que ha hecho al ir a por el doctor Mann, que se sacrifica para darle a ella una oportunidad. No es un gesto altruista en pro de la humanidad, es un sacrificio que busca que Brand encuentre a su amor perdido.
Hasta reparar a TARS responde a que le ha cogido cariño al robot y ese amor le ayuda a poder hacer la última voluntad de su hija: Vuelve con Brand.
Es una película preciosa y demoledora cuando quiere serlo. Admito que me sobra un poco la tensión que hay con el hermano, pero puede ser debido a que le he cogido asco a Casey Affleck. Nolan siempre adolece de un problema con los personajes femeninos, pero al menos aquí lo intenta solventar al darle la absoluta razón a Brand. Es ella la que tiene razón al guiarse por el amor, es la que entiende que es el motor por el que debería moverse la humanidad.
Tendrá problemas, pero ojala todas las películas con problemas nos dieran semejante calidad.

