Esta entrada iba a tratarse de un análisis profundo tanto de los libros como de sus respectivos juegos (Aunque Last Light no tiene nada que ver con Metro 2034), pero me he visto superado por lo inmenso de ese proyecto, relegado a un futuro. Pero no se me quitan las ganas de hablar de él así que comentare por encima lo que para mi son los mejores momentos que me ha proporcionado la lectura del mismo.

Para los que quieran el análisis, podéis seguir a Elena y su blog porque también tiene en la recamara un proyecto similar y seguro que más competente que el mío. Así la animáis a que se ponga a ello (No es que quiera leerlo, no que va)

Antes de comenzar tengo que añadir que Metro 2033 lo leí con una banda sonora que le sienta como un guante. La banda sonora de El Dragón Rojo, que le da un punto tenebroso y alienante a toda la lectura que ha hecho que cada vez que vuelva a escuchar esos acordes recuerde las escenas que os relato a continuación.

Empecemos:

La huida a la desesperada por las calles de Moscú. Artyom, nuestro protagonista y narrador, ha acabado en la superficie y debe llegar a otra entrada al Metro antes de que algo lo destroce. Vivimos una escena de tensión de tal magnitud que para andar tendríamos que ir cortando el aire con motosierra.

Imaginad la situación, noche cerrada, acabáis de escapar de un monstruo y entráis en una zona residencial llena de casas y calles iguales. Parece un momento de calma pero sentimos que algo va mal, lo notamos en la nuca. Entonces Artyom mira de reojo a una calle anexa a la suya y ve al fondo una forma inmensa, como una estatua.

Camina intranquilo, al llegar a la siguiente intersección vuelve a ver la forma en la misma posición de antes, como si estuviera teleportandose o hubiera cientos de “estatuas”.  Calle tras calle va viendo como esa forma no solo no desaparece, encima va acercándose aunque él no la vea acercarse.

No os diré como acaba para que vayáis corriendo a leerlo. Pero observar la simpleza de la situación, una forma aberrante parada al fondo de una calle. No hay más. No gruñe, no amenaza. Incluso parece un cadáver de la guerra nuclear. El autor se desenvuelve con maestría en esa escena y aun me da escalofríos tantos años después.

La pongo la primera y con razón, es la escena más impactante que he leído en este libro, y eso que cuenta con unas cuantas.

La siguiente es más breve pero ocurre más a menudo. Los fenómenos extraños en el metro. Hablo de una luz que aparece al fondo del túnel, lo atraviesa y se pierde por el extremo contrario. Nunca te dicen que es, ni siquiera se dignan a buscarle una explicación más allá de fantasmas del pasado y algo peligroso a evitar.  O la estación fantasma dónde escuchas los trenes de otro tiempo pasar con normalidad. Este si que lo explican con gases tóxicos, pero la escena en sí es brutal.

A decir verdad todos los viajes entre estaciones nos llevan a un terror innatural y sobrecogedor que nunca se repite, siempre te sorprende con algo peor que lo anterior. Las leyendas se han apoderado de su cultura,  leyendas de túneles llenos de fantasmas y voces, de trenes que siguen haciendo su recorrido. Incluso las leyendas más benévolas te provocan cierto pavor, como el rumor de que existe una red paralela de túneles que se hunde casi hasta llegar al infierno y que podría ser un oasis lejos de los peligros de la superficie.

Se da a entender que podría ser una salvación, pero la forma de contarlo y que nos van dando pistas nos provoca congoja. Artyom siente vibraciones y perturbaciones en ciertos túneles y cree saber que lo que nota es el metro secreto al otro lado de una pared, como si siguiera en marcha sin problemas. No como los fantasmas que vemos, esto de verdad y te preguntas si no habrá algo peor allí escondidos.

Y la peor leyenda, el Kremlin. El aura de auténtico pavor que le otorga el autor a este edificio es digno de estudio. La propia visión del mismo esta prohibida si quieres seguir vivo. Nos alertan que si miras hacia allí nunca podrás volver al metro, te sentirás atraído al Kremlin y te perderás. Es la típica casa embrujada elevado a la enésima potencia. Todo lo que envuelve su presencia me produce angustia mental. Ni siquiera llegamos a visitar el edificio y aun así tengo grabado a fuego ese miedo visceral.

Para terminar, voy a destripar el final. No suelo preocuparme mucho por esto, pero en algunos casos prefiero avisarlo para que dejéis de leer si no queréis conocer el final.

 

Los negros/oscuros, el enemigo final del libro al cuál llevamos persiguiendo y huyendo desde el principio del juego. Todo nuestro viaje va encaminado a matar a esos seres que nos atacan con poderosas pesadillas noche tras noche.

Logramos llegar a quemarlos vivos usando las últimas armas potentes que quedaban en la zona, misiles de corto alcance.  Los destruimos hasta que no queda nada de ellos. Y descubrimos que acabamos de suicidarnos como especie.

Los negros no trataban de matarnos, ni nos perseguían con malas intenciones. Tenían curiosidad. Eran una especie aparecida tras el desastre nuclear, habían evolucionado para resistir la radiación (Manu ha muerto en este instante), y al carecer de boca tienen telepatía, con la que han tratado de comunicarse con nosotros desde el principio. Pero siempre lo hemos detectado como actos de hostilidad.

Era un problema de comunicación, ellos no sabían comunicarse y nosotros movidos por el odio los malinterpretábamos.

Los negros querían conocer a los humanos, que les enseñasen su mundo. Habríamos tenido la oportunidad de sobrevivir a estos años de penurias gracias a la capacidad de los negros de vivir en la superficie. Podríamos haber entablado una relación con ellos. Pero nuestro miedo y odio, nuestra naturaleza, nos ha llevado a acabar con eso que no entendíamos.

Fue un final que me dejo destruido, de no esperarmelo pero ver la coherencia en él. No esta sacado de la manga. Puedes ver venir a los negros si prestas atención de que ellos nunca matan con las manos, y los humanos que mueren son porque no soportan la conexión mental que necesitan los negros para comunicarse.

Son pequeñas pistas que no las unes hasta que llegas al final y te quedas hecho polvo.

Con razón amo tanto esta obra. Hace años que no lo he leído y recuerdo a la perfección estos detalles y momentos. Dmitry Glukhovsky se saco de la manga una obra increible y memorable en muchos puntos con Metro 2033. Y este artículo no le hace justicia, pero es comienzo.