La perfección de la adaptación, así debería considerarse a está pequeña obra maestra.  La máscara del fantasma es pura esencia de personajes, si alguna vez os preguntan que es Batman o que película deberían ver para comprenderlo, enviarle a ver esta película. Aquí no tenemos la versión gótica de Burton, ni la colorida de West, la estrafalaria de Schumacher, la seria de Nolan o la locura visual de Snyder, aquí tenemos a Batman.

Vemos un reflejo perfecto de todas sus aristas, cada matiz, cada posibilidad la tenemos aquí. Desde la seriedad de un personaje torturado, pasando por el misterio del detective, hasta llegar a lo más estrambótico con un Joker caricaturesco.  Bruce Timm y Paul Dini no temen ni una sola de las encarnaciones del personaje. Saben que cada uno de ellos es Batman y los agrupan en la figura oscura que vemos patrullar las calles de Gotham con la voz del gran Kevin Conroy.

No solo es una gran adaptación del personaje, es sin duda alguna uno de los mejores ejemplos para cerrar la boca a cuantos pululan por el mundo aseverando que el cine de animación es solo para niños. La máscara del fantasma aborda temas profundos, serios y con dignidad mucho antes de que Nolan asomase la nariz por las calles de Gotham. Vemos un trasfondo psicológico tan bien planteada y de una forma tan sutil que luego ves los diálogos de El Caballero Oscuro y te parecen muy burdos. No menosprecio el gran trabajo que hizo Nolan con sus dos primeras partes, pero se esforzaba demasiado en ahondar con la dialéctica en la psicología de todos los personajes, y no siempre es necesario o tiene sentido. Al Joker le gusta mucho hablar y el sonido de su voz, pero la charla del interrogatorio vista en perspectiva queda un poco forzada cuándo Nolan ya nos había dado esa información con los actos del propio personaje (Algo que hace demasiado a menudo, sabe usar el medio para explicar, pero luego no confía en el espectador y se lo explica con diálogos).

Este acercamiento a la mente torturada de Bruce Wayne, retomando el tema en cuestión, nos llega a doler. Transmiten tan bien las emociones del pobre Bruce que sufrimos con él, la escena en el cementerio, con la lluvia cayendo pesadamente sobre él como una losa, tirado contra la tumba de sus padres suplicando. Vemos a Bruce suplicar por el perdón porque se siente culpable, un mal hijo, y llora desconsolado porque sus padres le den una respuesta. ¿Por qué esta así? Porque es feliz. Hasta ese punto llega el trauma de la muerte de sus padres.

Su propia felicidad le resulta algo aterrador y ajeno. Él mismo lo dice, no esperaba ser feliz, superar el dolor. Ese dolor le lleva a ir corriendo al cementerio para tratar de justificar el dejar atrás su absurdo plan (Aun no es Batman, se ha entrenado y esta a pocos meses de conseguirlo, pero aun no lo es) de justicia. Quiere, desea, una señal para poder ser feliz con la mujer que ama. Y es ella misma la que le rescata de ese dolor al decirle que tal vez ella es esa señal que buscaba.

Andrea, el primer amor de Bruce, es un personaje creado en exclusiva para la película y es brillante. Le dan a Bruce una redención de su culpa y su dolor, para luego arrancárselo por culpa de terceros.

Están comprometidos cuando el oscuro destino de Bruce le sobrevuela para separarlos, para llevarse a Andrea lejos bajo falsos pretextos, pues ella y su padre deben huir de unos mafiosos. Así se queda Bruce, solo de nuevo y más hundido que nunca. El momento perfecto para que veamos su nacimiento.

La cueva, oscura y silenciosa, un brutal coro se alza en nuestros oídos y vemos a Bruce prepararse. Un último paso, la mascara. Alfred se la ofrece y se retira. La música se eleva y nos entra un escalofrió cuando vemos la reacción del pobre Alfred al ver por primera vez a Batman completo. Esta aterrado ante la imagen que ve, y solo necesitamos eso, su reacción.

Solo por estas pequeñas escenas la película ya merecería la pena. Lo mejor es que se trata de un recuerdo, contexto para la verdadera trama principal: el misterio del fantasma. Vemos el origen de Batman, el importante más allá de su entrenamiento y gimnasios, para después trasladarnos al presente con un vigilante ya asentado desde hace años. Ahora Batman debe enfrentarse a un personaje que está asesinando mafiosos al tiempo que debe huir de la policía porque le creen responsable de estas muertes.

Por si fuera poco Andrea regresa a la vida de Bruce, pero de una forma también adulta, ambos se guardan resentimiento por lo ocurrido. Se aman pero las heridas que abrieron al separarse no se han cerrado y Bruce no confía en ella, y esa desconfianza se traslada a la propia Andrea que no acepta en lo que se ha convertido Bruce, pues no le cuesta descubrir que es Batman.

Para rematar la situación ya de por si tensa, con un asesino, la policía y un viejo amor, vamos a añadir el “comodín” que se saca uno de los mafiosos para protegerse: al príncipe de los payasos, el Joker en persona. Él es el principal responsable de los momentos más divertidos de la cinta y se encarga de aliviar tensión, sin dejar de ser el psicópata que es. Por esto queda claro que los creadores no tenían miedo a ningún tipo de encarnación pues el resto de personajes son muy sobrios y entran dentro de lo realista, mientras que el Joker es una caricatura. Se mueve como una y actúa como una y como solo ocurre con él, o con lo relacionado con él, no desentona en absoluto.

Es una combinación explosiva, el fantasma le da a Batman ese misterio que tanto necesita el mejor detective del mundo, dónde las pistas nos conducen junto a él hacia la resolución del misterio (Muy puñetera es la voz del fantasma en versión original para con el misterio); Joker nos da ese enfrentamiento tan épico en una ciudad en miniatura en el “parque de atracciones”; la policía protagoniza la escena de mayor tensión que ha vivido Batman desde la lucha contra el SWAT en Año Uno y para terminar tenemos ese vistazo profundo a la mente de Batman a través de Andrea y su pasado juntos.

Una lástima que la película no recaudará, ni siquiera parece que llamará la atención de nadie en su estreno. Tengo que admitir que la forma en que Warner publicitó la cinta deja mucho que desear, enfocándose en lo más infantil y tontorrón. Se dejaban fuera todo lo bueno en los adelantos y la gente solo vería algo parecido a un capítulo largo así que ¿para qué voy a ir al cine pudiendo verlo en casa?

Por suerte se ha convertido en una película de culto, no muy conocida pero de culto. Y va ganándose a pulso cada nuevo seguidor.

Espero de todo corazón que con el tiempo cuándo alguien pregunte ¿Quién es el mejor Joker? ¿O el mejor Batman? La gente diga Mark Hammill o Kevin Conroy, o al menos que los tenga en cuenta, pues ellos se han ganado ser Joker y Batman más que ningún otro. Bale y Affleck pueden matarse en el gimnasio (Y Bale no cerrar la boca ni con grapadora) pero no han pasado los últimos veinte años interpretando a los personajes con la misma intensidad que el primer día.

Y si ellos son los poseedores de las mejores encarnaciones, La Máscara del Fantasma es la mejor película de Batman.

¿O no lo creéis así?

Aquí podéis haceros con ella si aun no la tenéis en vuestra biblioteca.

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