Un sueño roto, eso es lo que es Fantasía. Disney planificó esta obra como algo en constante evolución, cada año llegaría de nuevo a las salas del mundo con nuevos temas, convirtiéndose con el tiempo en un hito, un evento como es la Navidad o San Valentin, convirtiendo la fecha de estreno de Fantasía en algo similar a estas festividades.

Por desgracia, la carrera de Fantasía nunca llego a cumplirse en su totalidad. Su estreno fue más bien mediocre, las fechas tuvieron algo que ver, pero la mayor parte del problema fue la propia película. Adelantada a su tiempo, se trata de una película de dos horas, sin dialogo o trama, deslavazada en escenas independientes unas de otras, dónde lo importante es la conjunción, el baile entre la imagen y el sonido.

A un niño no le puedes entretener dos horas escuchando música clásica. Al menos a la inmensa mayoría, ya que yo recuerdo que de niño quemaba el VHS con ella (Dinosaurios y Mickey Mouse haciendo de brujo, me tenía que gustar).

Fue este fracaso económico lo que desanimo a Disney de continuar la trayectoria prevista, guardando en un cajón los proyectos de escenas para las futuras revisiones, como el proyecto de Dali, o el partido de Beisball, o lo que vimos en Fantasía 2000.

Es una lastima porque se nota pasión en cada fotograma de esta película. La minuciosidad que se percibe en la perfecta relación que tiene la música con la imagen es muestra perfecta del mimo que aplicó Disney y sus dibujantes a esta obra en concreto. Ya habíamos visto portentos visuales con Blancanieves, os recuerdo esas escenas de avanzar por el bosque dónde confluían multitud de capas, eso era un salto de gigante en animación, pero con Fantasía tocaron techo. Cada sonido de violín, cada vibración del tambor, cada punzada del arpa tiene su traslación a imagen, ya sea con el baile alegre de un hada sobre el hielo o con los quebraderos de cabeza de un aprendiz de mago que trata de usar un hechizo demasiado complejo para él.

No hay palabras para describir lo maravillosa que es esta película, pues aquí juega un papel principal la emoción. Esta obra va directamente a emocionar, quiere que el espectador sienta la música, la viva como si fuera la primera vez que escucha algo. La note recorrer sus venas con cada compás.

Esta película no se puede reseñar como otras, no puedes hablar de personajes, tramas o giros de guión. El trabajo del crítico o del aficionado como yo, es deslizarse por los entresijos de su producción, pues esta película es para verla y sentirla. Veo muy complicado hablar de ella más allá de eso.

Puedo comentar lo espectacular que es la Consagración de la primavera con su mirada a la creación del mundo, aparición y extinción de los dinosaurios; de lo entretenido que es el segmento de Mickey como aprendiz de brujo al que una escoba le hace sudar tinta; o lo tremendamente divertida que es la Danza de las Horas con todo esos animales bailando al son de una música preciosa. O su final de puro terror en Monte Pelado, donde demonios, fantasmas y el mismo Chernabog bailan en la noche de Walpurgis, con un giro hacia la luz con el Ave María y una escena muy pausada para dar un final a toda una montaña rusa.

Pero eso es todo, solo puedo hablar por encima de los segmentos (Obviando muchos en el proceso como La Pastoral conociendo a la mitología griega) a nivel visual y de forma básica. Aquí la protagonista absoluta es la música y poco puedo aportar sobre ella más allá de recomendar escucharla.

Así que de esa forma me voy a despedir, recomendando que no veáis ni oigáis esta película. Quiero que la escuchéis y la observéis. Dejaros inundar por su amor a la música. Dejaros llevar por la fantasía.

Aquí podéis haceros con ella si aun no la tenéis en vuestra biblioteca.

Fantasía [Blu-ray]