El reino de Inglaterra está bajo el yugo de hierro de un rey obsesionado con su propio poder y temeroso de que un heredero legitimo se alce para plantarle cara. Ese heredero es Arturo, un hombre criado desde que era un infante en las duras calles de la ciudad.

Guy Ritchie es un director peculiar y tiene una forma peculiar de rodar que lo hace inconfundible. Parece divertirse con la acción por como monta dichas escenas. Usa elementos comunes en todas pero no tiene dos iguales. Eso es asombroso cuándo ya lleva tres películas con este tipo de recursos narrativos pues las dos entregas de Sherlock Holmes tienen mucho en común a nivel estético con esta.

Es un tipo de acción que es a nivel visual y estético una maravilla. Abusa mucho del ordenador y aun así te deja atrapado porque la cámara no te suelta en ningún momento. Se notan los modelos digitales y aun así no pierden apenas fuerza, esa es la clave. No solo necesitas buenos diseños por ordenador, necesitas el talento para que, aunque se note, no le importe al espectador.

Me concentro mucho en este aspecto porque es dónde más resalta la película, ya que a nivel de historia, aunque esta contado de una forma muy interesante y ligera, mezcla los momentos de exposición con la acción para que no tenga apenas momentos de calma, no es precisamente un argumento lleno de originalidad. Tenemos al malo muy malo, al bueno que debe aprender su fuerza y grandeza y una profecía que dice que el malo muy malo va a perder.

Es la historia de siempre. No es malo perse pero acaba haciéndose cuesta arriba cuándo vas pensando en las cosas y ves que muchos momentos ocurren porque si y no hay una evolución lógica. Por poneros un ejemplo entrando en un pequeño spoiler: Arturo llega a dominar sus habilidades porque ponen en peligro a una mujer. Ya. Lleva viendo morir a amigos y familiares durante horas, pero amenazan a una mujer (Que sabe defenderse por si misma, que lo he visto) y entra en modo Dios.  Lo mismo ocurre con el villano, Jude Law lo intenta y te gusta verlo en pantalla, pero su personaje no tiene peso. Todo nos indica que debería ser imparable, un titan con poderes sobre todas las cosas que habitan la Tierra. Pero no me transmite eso, no hay una evolución lógica en su poder. A nivel argumental debería ser más poderoso a más tiempo pasa, en su lugar parece incluso más débil.

Por poneros un ejemplo, los dos villanos de la saga de Sherlock si tenían un arco evolutivo, un duelo a la altura e imponían. Aquí, Jude Law impone porque es Jude Law y es buen actor, no porque el personaje que tiene detrás sea imponente. Me recuerda a Comodo, de Gladiator. Ese tipo de villano que se cree el mejor y luego no es más que una mota de polvo.

Con todo, me ha parecido un entretenimiento de primer nivel. Arturo me cae bien, los personajes tienen la suficiente presencia para que te encariñes con ellos y sientas su perdida. Los mitos que presenta son atractivos, una revisión visual de lo que hemos visto siempre. Hay un segmento que parece una traslación perfecta de cualquiera de nosotros entrando por primera vez en World of Warcraft.

Conclusión: El buen hacer tras la cámara de Guy Ritchie me ha vendido la película. Es una gozada visual.