Hoy es 20 de agosto. Howard Phillips Lovecraft nació un día como este hace 136 años. Casi un siglo y medio en el cual sus pesadillas crearon toda una nueva ola de escritores sacudidos por los horrores de más allá de las estrellas y de las profundidades abisales que poblaron los escritos del genio de Providence. Me incluyo entre ese amplio grupo, aunque yo no tenga el talento de Stephen King para la prosa ni el de Mike Mignola para el arte; si puedo asegurar que soy mejor que Derleth, que no se podía estar quieto con sus movidas cristianas.

Dicho esto, antes de entrar en la penosa vida de Alessa, quiero contar una curiosidad que los años ha ido haciendo más evidente con Lovecraft y con mi forma de leer o ver una película. Mi primer acercamiento al valle del Miskatonic se saldó con una fascinación con los monstruos, las extrañas criaturas que pululaban en la oscuridad a la espera de un incauto. Al igual que le pasaba al Cazador de Bloodborne, en primera instancia me quedé en la superficie. Pero el paso de los años, cada día soy más viejo, ha cambiado lo que llama mi atención.

El susurrador en la oscuridad, por poner un ejemplo, en una primera lectura me encantó la tensión, las escenas de acción soterradas bajo una narrativa anticuada de la que Lovecraft era preso y maestro. Se trata de una novela corta que nos lleva a un hombre atrapado en medio de la nada, asaltado noche tras noche por seres que quieren esconder sus secretos. John Carpenter haría oro con esa premisa porque, básicamente, es lo que lleva haciendo décadas (Asalto a la comisaría del distrito 13, El príncipe de las tinieblas, Fantasmas de Marte). A día de hoy, lo que más me atrae de esta historia, siendo mi favorita del autor, es algo que ni siquiera esta buscado. La relación que se intuye entre el narrador y Akeley. Lovecraft no barruntó nada, no hay un secreto escondido, pero yo cada vez que vuelvo a leer esta pequeña novela estoy más convencido de que Wilmarth y Akeley tenían algo más que una amistad por correspondencia fruto de la casualidad. Esos dos estaban liados. Liados al estilo de los años veinte que es de forma muy sutil y velada. Me baso por completo en la actitud de los personajes e ignoro deliberadamente que dicho comportamiento responde a la necesidad de Lovecraft para contar su historia. Pero la preocupación absoluta de Wilmarth por Akeley hasta el punto de coger las maletas e irse a Vermont a una trampa mortal evidente, porque es evidente, hasta el propio Wilmarth admite que es evidente, no se hace por un desconocido con el que te carteas. Por lo tanto, hasta que no se invente una maquina que permita preguntarle directamente a Lovecraft, esta historia tiene un romance homosexual trágico y punto (Y cuando se invente me dará igual, para mi seguirá teniéndolo).

Todo este preámbulo viene de mis motivaciones para tomar esos mundos de pesadilla y plantar mis propias semillas. Los monstruos, los dioses incomprensibles, la magia matemática, son conceptos que absorben todo tu interés, que te llevan de la mano hasta las profundidades del horror y la locura. Son magníficas entradas, pero yo quería algo más, quería ese mismo terror habitado por personajes más que por herramientas. Lovecraft, fuera consciente o no de ello, se insertaba en sus relatos. Randolph Carter es el ejemplo más evidente, pusilánime y cobarde (dentro de lo obvio que si un monstruo me dice que mi amigo a muerto yo tampoco iba a bajar a buscarlo), y eso estaría bien, es un tipo de personaje. El problema es que muchas veces no lo son. Son narradores con una capa extra para que te creas un poco que están viviendo esas pesadillas, pero a poco que rascas ves que no tienen personalidad, no hablan como una persona normal. Ni siquiera hay diálogos reales. Todo el truco de magia se sustenta en su estilo narrativo y los monstruos que se complementan muy bien ya que narra de forma académica lo que da mucha fuerza a la criatura al hacerla pasar por algo real. En las montañas de la locura juega con eso al pasarse páginas y páginas explicando como se realiza correctamente la expedición científica, confiriendo a los Antiguos y su mundo una pátina de legitimidad que no conseguiría transmitir con sus personajes.

Por eso, con la picazón de la escritura recorriéndome la venas, me lancé a escribir sobre horror cósmico en mis términos. Los primeros compases no llegaron a ningún puerto pero me ayudaron a tensar las velas y cascar los artebuses. El segundo intento llegó con Andrew Parks, un detective de Arkham que una noche, tras un famoso partido de baseball, se ve envuelto en las consecuencias de un terrible accidente de autobús que ha despertado algo que dormía en las entrañas de la ciudad. Una novela que transcurría a lo largo de una horrible noche y que sigue ahí, en mis cuadernos y disco duro a la espera que la escriba. ¿El motivo? El más obvio fue que a Andrew le salió una hermana. Una mujer que en la novela agarra un camión y lo estampa contra el monstruo a sesenta kilómetros por hora. Había nacido Alessa Parks allá por los lejanos 2018/2019.

Alessa era una secundaria en esa historia, pero la fuerza del personaje me persiguió (Así como mi obsesión de hacer un mundo interconectado, tengo varios cuadernos con anotaciones de una veintena de relatos interconectados de aquella época por culpa de esa manía mía de expandirme y no centrarme en el momento) hasta que consiguió su primera historia propia. Esta historia:

El robo del Miskatonic nació para darle su propia agenda al personaje y, al mismo tiempo, como un chiste interno. Andrew era detective y Alessa una matona. ¿Qué hacía cada personaje durante este período de tiempo? Lo contrario. Alessa era contratada para desvelar un misterio y Andrew acababa inmerso en algo que necesitaba más músculo que cerebro. Una forma de jugar con el personaje de Alessa, sacarlo de la zona de confort en la que estaba en mi cabeza y verla actuar con su personalidad en algo propio de alguien más calmado. Ver que haría un protagonista de acción de los ochenta en el lugar que ocuparía habitualmente los personajes planos de Lovecraft.

En esta primera incursión me alejé de los lugares más comunes del horror cósmico, sin desvelar demasiado de la trama, decidí centrar mi atención en otra parte de la obra de Lovecraft, aunque haya intervención de cierto personaje que ya se ha paseado por esta misma entrada. Me parecía hasta lógico no lanzar a la cabra violenta contra Cthulhu a la primera oportunidad sino dejarla en el suelo, en una trama Noir con tintes del caos que yace por debajo en todo momento.

Así escribí esta novela y así llegó 2023 cuando fue publicada por primera vez por la ya extinta Dorna. El mercado editorial está roto. Los gigantes sacan una cantidad monstruosa de títulos, ahogan un sistema ya de por si saturado, luego mandan a la trituradora todo lo que no se vende y vuelta a empezar, empujando a las editoriales pequeñas a nichos cada vez más exiguos, ahogándolas poco a poco, porque el libre mercado y la sana competencia funciona solo cuando están ellos solos. Las demás que se mueran sin molestar demasiado. Una actitud agresiva y fruto del puro odio porque Planeta no se va a a ir a pique porque cuatro editoriales saquen Romantasy. Pero este tema daría para todo un artículo él solo.

El tema es que Alessa llegó al mundo justo en un periodo muy convulso y sufrió las consecuencias. A día de hoy, de seis proyectos editados, solo queda uno: El cazador de shinigamis. El resto se han ido descatalogando según las editoriales iban cerrando. No es algo raro, no me ha mirado un tuerto ni he pasado por debajo de una escalera abierta. Simplemente vivimos en un sistema que premia tácticas predatorias y castiga a toda editorial que intente salirse del tiesto o, simplemente, exista. ¿Resultado? Alessa Parks no llegó a 2025. Eso, como podréis suponer, fue un trago amargo y difícil de digerir. No pensaba retirarme a una mansión en medio del bosque con los royalties, pero ver a tu personaje favorito desaparecer del mercado es un palo. Añadid a eso que mi mejor amigo es también el tío de Alessa y Andrew, Arnau (Contratadle, es un ilustrador impresionante y mejor persona). Fue él quien hizo la primera portada de Alessa.

Arnau ha visto crecer este pequeño universo, ha dado ideas y ha ayudado a expandirlo, a resolver dudas e incluso ha hecho la escaleta de la novela de Alessa de la que más orgulloso estoy a día de hoy y que espero que algún día podáis leerla. Yo soy el creador y escritor de Alessa y sus aventuras, pero ella no sería como es hoy sin él. A ambos nos afecto la desaparición del libro y con el paso de los años el runrún de darle una segunda vida estuvo ahí. Hasta que un día nos enrollamos la toalla a la cabeza y a la piscina. Revisé los textos, ajuste y añadí un par de frases aquí y allá para pulir aún más la novela y se la envíe a Loreto (Lo mismo, contratadla, es una profesional increíble) para que hiciera una revisión completa. Hecho el pulido interno, Arnau, que llevaba insinuando que tenía la idea perfecta para la portada, la hizo. Una portada en rojo y negro con una potencia visceral que te habla de lo más importante (Ni los monstruos, ni Arkham, ni la investigación): Ella.

Hecho el nuevo traje para el libro, llegó el momento de hacer lo mismo con el interior. Arnau hizo una maqueta nueva ajustando la novela a un estilo bolsillo, compacto y precioso. Lo mandamos a la imprenta y ahora quedaba lo más difícil: Buscar gente que quisiera adoptar la novela. Ahí entra este artículo. Autopublicar es para mí territorio desconocido. Conozco a multitud de artistas y escritoras que lo hacen, y lo hacen de forma magistral. Nixarim por poner un ejemplo. La forma en la que nos da a conocer sus ángeles hace que quieras sumergirte en ese mundo lleno de tetabrisa y odio por los poderes fácticos. Pero a mi, lamentablemente, no me sale. Tengo más facilidad para pediros que compréis a otros que a mi. Pero si quiero que Alessa sea conocida, tengo que hacer el esfuerzo, sobre todo para poder mantener la idea que tengo de sacar más adelante un compendio de relatos con las aventuras que he ido acumulando de Alessa. Son muchos años escribiendo sobre ella. Además, tenéis que ver el tremendo curro que se ha marcado Arnau con la maquetación y disfrutar en directo de la portada que es impresionante a tantos niveles que han tenido que inventar palabras nuevas para describirla: Arnaudalazo.

De momento, mi experiencia está siendo una de descubrimiento, de ver como hacer las cosas, investigar como lo hacen las demás e ir probando. Al final, la opción por la que me he decantado de momento es un Ko-Fi, para ir aprendiendo y tener algo que me dé menos dolores de cabeza y, más importante, que genere seguridad en el lector al haber una tienda oficial de por medio. Aquí tenéis el enlace para todos los que quieran darle una oportunidad a esta nueva edición que se ha hecho con todo el cariño del mundo para dar una segunda vida a una novela a la que tengo mucho cariño por ser la primera y por tener a mi personaje favorito de protagonista.

Por último, un aviso informativo que os servirá para la mayoría de pedidos que realicéis a pequeños comercios y artesanas. Los envíos más económicos suelen ser envíos por Correo Ordinario. ¿Qué significa esto? Van sin número de seguimiento. No implica que sea más inseguro o que se pierdan (Se puede dar el caso, pero es algo anecdótico y fruto de la mala suerte); pero si implica que tienen muy baja prioridad. Hoy día Correos tiene contratos con Ikea, Amazon, entre otras para que sus paquetes sean entregados si o si, y el número de carteros es el que es por lo tanto se deja de lado el ordinario para poder entregar lo que están obligados a entregar en un plazo. Esto significa que vuestros pedidos pueden llegar al día siguiente si tenéis la suerte de que vuestra zona está libre de atasco y con personal suficiente, o que se retrase un mees, contando además con todos los términos medios que hay entre esas dos fechas. Mi recomendación, tras llevar casi cinco lustros trabajando de librero, es que si en cuatro días no habéis recibido un paquete vayáis a Correos (Podéis llamar también o preguntar directamente al cartero de vuestra zona si lo veis) y pedid el número de la oficina de Cartería. Esta oficina no es de acceso público ya que son los encargados de las entregas, es un almacén logístico, pero se les puede llamar y reclamar el paquete. Aunque no tenga número de seguimiento ellos pueden hacer una búsqueda en base a vuestra dirección de destino. Lo habitual es que una vez habéis reclamado el pedido os lo entreguen al día siguiente.

Dicho esto, feliz aniversario del nacimiento del loco de Providence y espero que os haya despertado el interés por Alessa Parks.