Aquí tenemos la prueba de que el guión de Prometheus empezó como algo grande. David-8 es uno de los mejores personajes que he visto en los últimos años. Mucho merito se lo tenemos que dar a Michael Fassbender que se come a todos los demás actores cada vez que aparece en pantalla.

Pero todos sabíamos ya que Michael Fassbender es uno de los mejores actores que ha dado esta generación. Aquí hemos venido a hablar de mi libro… ¡Ah, no! Eso luego. Aquí venimos a hablar de David-8.

Estamos ante uno de los androides mejor escritos. Esta en el límite idóneo entre la frialdad de una maquina y las emociones de un humano. Lo que se intento con Sony en Yo, Robot aquí se perfecciona.

No tenemos el típico caso de Robin Williams en El Hombre Bicentenario dónde hay más hombre que maquina incluso desde el principio.

Pensaréis ahora en Terminator, pero no creo que pueda entrar en esta categoría. Skynet no necesitaba diseñar emociones para sus asesinos, son maquinas eficientes que no necesitan de nada más que lo básico para apuntas y disparar.

Pero me estoy desviando de lo importante: David.

David se nota desde el primer instante que no es humano. No necesitan decirlo porque su forma de moverse (Eficiente y contenida), su forma de actuar, su mirada. Es un ser curioso, con imaginación, y se le nota emociones pero sentimos que algo no va bien.

¿Conocéis el valle inquietante? El momento exacto en el que una representación humana es tan semejante a nosotros que casi es indistinguible, pero aun queda algún detalle que nos escama y destruye la ilusión de parecido. David transmite esto. No a nivel estético, ya que es Michael Fassbender, no van a arrancarle la cara para ponerle una de silicona. Lo que hace Fassbender es añadir algo a toda su actuación que nos choca, una frialdad calculada, una forma de comportarse que nos atrae y nos repele a la vez.

El guión por otro lado, sabe lo que esta haciendo y le da muchos detalles interesantes. Como su obsesión por Lawrence de Arabia, un británico que acabo luchando contra su propio hogar. Dando esa sensación de que David parece funcionar por su programación, pero que por debajo va por sus propios intereses.

Sus conversaciones con el odioso y estúpido doctor que se quita el casco a la primera oportunidad también son un ejemplo perfecto. El doctor no para de recordar a David que no es humano, ni jamás lo será, que no es más que una burda imitación de la vida. Es un odio visceral hacia David, como si disfrutara de hacerlo sufrir (No sé porque ese odio y menos que insulte a una maquina. Yo no me río de mi frigorífico porque no tiene sentimientos). Lo importante sin embargo son las respuestas de David.

El doctor le dice con cierta hostilidad: “Os hacen muy parecidos a nosotros”

David contesta: “Espero que no demasiado”

Es una respuesta cortante. David no quiere parecerse a sus creadores. Los considera algo inferior con lo que jugar, carentes de toda importancia para él.

Se siente más cercano a los propios ingenieros que a los humanos. David es consciente de su perfección (Hablando en términos humanos, David es mejor que los humanos y al tener sentimientos también tiene ego).

Aun con todo parece tener la necesidad de complacer a su padre, llevándole ante el ingeniero para pedirle la vida eterna. Esto es interesante porque podemos pensar dos cosas:

—David de verdad siente admiración y respeto por Weyland. Por eso sigue sus ordenes ciegamente.

—David esta programado para obedecer como un perro a Weyland.

Ambas son validas. Podemos pensar que es la segunda, ya que con la muerte de Weyland los intereses de David cambian de golpe. Pero no olvidemos que es una maquina, seguramente no considera la muerte de su creador como algo malo, sino como algo que debía pasar antes o después y que no se puede hacer nada.

Eso es lo más interesante de David, nunca tenemos del todo claro si se mueve por interés o porque esta diseñado así. Cuándo envenena con el líquido negro al doctor desagradable no parece obedecer a nada en concreto salvo una enfermiza curiosidad. Si, es posible que quiera saber si ese líquido puede curar Weyland, pero eso lo podría comprobar en el laboratorio, esto responde más a una curiosidad vengativa. Si funciona bien, y si lo mata pues bien también.

Volvamos al final. David, descabezado, le ofrece su ayuda a la protagonista (Se nota que me ha gustado la película y sus maravillosos personajes, solo me acuerdo de David) para devolverla a casa, y cuándo ella responde que no, que quiere ir al planeta de origen de los Ingenieros también accede.

No creo que sea supervivencia, sino curiosidad. Al principio la ayuda tal vez por compasión y luego accede a llevarla por curiosidad. Le llama la atención la obsesión de saber el por qué de las cosas. Él, que sabe perfectamente su origen, le parece absurdo la búsqueda sin fin que tienen sus creadores por saber eso mismo. Aun así, siente curiosidad por las reacciones a las respuestas. Sus conversaciones con los personajes sobre estos temas lo deja bastante claro.

En ese aspecto nos recuerda a Bishop, es un niño en un mundo inmenso, lleno de respuestas. Investiga todo y lo observa todo con esa envidiable curiosidad infantil.

Son todos estos detalles los que me enamoran del personaje. Es un niño, es una maquina, es un hijo cariñoso y un ser frío y calculador. Es el personaje más complejo de la cinta, el mejor llevado, actuado, escrito e incluso filmado.

David es el más humano de toda la película, y no es más que un Pinocho. Una marioneta que va perdiendo sus hilos. No es humano, pero es el que más cerca esta de serlo en todo el plantel.

Por eso es tan memorable. Por eso me encanta tanto.

Recordemos siempre a David.

A ver que hacen con él en Covenant.