Moisés, criado como un hijo del Faraón, descubre su humilde origen y se rebela contra su hermano por la libertad de los suyos.

Mira que es sencillo, es una historia con miles de años no se puede hacer mal. Pues Ridley Scott encontró la forma de hacerla mal.

Tengo un problema muy grave con esta película, fui al cine a verla a sabiendas de que me iba a decepcionar, y es que es un portento visual carente de alma y personalidad. Es hueco, son fuegos artificiales lanzados sin gracia ni pasión.

Ridley Scott en su afán de: Vamos a contar la historia como si fuera real (pero no), destruye cualquier atisbo de historia bien contada. Y es que Scott nos presenta unos personajes y una premisa “realistas”, quiere que nos creamos que esto ocurrió de verdad, pero no se puede contener y saca la artillería de las plagas que son de todo menos realistas. Trata de aunar dos historias que se están pegando continuamente y ninguna deja brillar a la otra y acaban por condenar a los propios personajes.

Estamos ante una película de más de dos horas de duración y no recuerdo ningún personaje. Recuerdo que Moisés y Ramses son unos tozudos arrogantes, y que el segundo es más imbécil que el primero para que podamos ponernos de parte de Moisés. Ya. El resto son herramientas. Tenemos la madre de Ramses que odia a Moisés porque si, tenemos al líder de los esclavos sabio, al hermano de Moisés que tiene el papel de ser hermano de Moisés, al de Breaking Bad que va por ahí y por allá. No los conozco, no me muestran como hablan, solo vemos discursos.

En cierta escena Moisés vuelve a Egipto para liberar a su pueblo y el anciano le dice: Este es tu hermano. Y ya, no hay más salvo un par de frases que se cruzan. Da igual que sean hermanos o no, nada me indica que haya una conexión entre ellos. La propia mujer de Moisés, su relación se basa en tres minutos de escenas y un hijo.

Por no hablar de lo absurdo que es meter a martillazos que Moisés es ateo. Ha sido criado en una familia que cree a pies juntillas que los Dioses los han seleccionado para estar por encima de los demás y no para de malmeter contra la sacerdotisa, la religión de la mujer y todo lo que haga falta. Ridley Scott quiere mostrar un contraste que no es necesario, el personaje no necesita pasar de A a B para que la película funcione.

En todo momento queda claro que Ridley Scott o no cree en Dios o lo odia, depende de como afrontes la película porque parece todo una alucinación o producto de un Dios desequilibrado que actúa por impulsos egoístas e infantiles.

Para que os hagáis una idea, Moisés empieza su cruzada en una guerra de desgaste que puede durar toda una vida. Llega Dios y le dice que esta haciéndolo mal que tiene prisa. Dios se impacienta y lanza las plagas, se impacienta ahora, los cuatrocientos años de esclavitud ya si eso hablamos otro día.

Luego leo entrevistas al director sobre como quería un equipo heterogéneo para asumir el delicado papel de Dios en la historia y enervo. ¿Al creyente dónde le teníais? De cara a la pared o trayendo el café porque otra cosa no hizo.

Es un despropósito, no soy creyente y me parece un insulto porque ni siquiera aporta algo interesante. Si hubiera ido a por todas con el tema alucinación, que fuera la culpa de Moisés la que le hace actuar, me habría encantado. Una lucha de un hombre contra un imperio. Pero no, no puede evitar meter las plagas todo lo espectaculares que puede y más. Tratan de explicarlas pero no hay quien se crea que eso es natural, y mucho menos cuándo llega la última que cae una nube de oscuridad sobre Egipto.

O lo enfocas de un lado o del otro. Los dos no funcionan y hacen que me enfade porque la película va de ese dilema artificial que es absurdo y se olvida del factor humano. Ni siquiera me llego a creer que Ramses y Moisés se hayan criado como hermanos. Nada me lo indica más allá de dos diálogos. No hay gestos, ni amor en ningún encuentro.

Es insultante que una película de hora y veinte como es El Príncipe de Egipto condense mejor el conflicto de hermanos enfrentados, las plagas, Dios, y los milagros de Moisés que una película millonaria de más de dos horas. No es por menospreciar la obra de Dreamworks, es una de mis películas favoritas, pero lo que hizo ella hace veinte años no es algo imposible, no es un milagro, es una película hecha con cabeza y sabiendo en que dirección tiene que ir.

Ridley Scott no lo sabe y nos entrega un mejunje de escenas espectaculares y discursos manidos aderezado con personajes idiotas.

Si, Ridley Scott volvió a hacer Prometheus pero esta vez en el antiguo Egipto.

Me sigue pareciendo todo un espectáculo digno de verse, pero solo si dejas la mente en blanco y no caes en su juego de creerse profunda.

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