En el mar de China, un transatlántico de lujo, el mayor casino flotante de la historia, queda a la deriva debido a un fallo informático. Algo golpea contra el barco y los huespedes y tripulación entra en pánico ante algo que parece haber entrado en el barco. Al mismo tiempo, a unas pocas millas de distancia, un pequeño barco se enfrenta a la tormenta para llegar a un punto prefijado por el grupo que ha contratado el barco. Ese grupo se prepara para abordar el barco y llevar a cabo el robo del siglo. Pero no todo saldrá según el plan.


Demostrando una vez más que no se necesita un gran presupuesto para crear una maravilla del entretenimiento. Algo que ver tiene su director, al que muchos conoceréis por La Momia. En efecto, el director de la Momia se estrenó como director con una película menor que se convirtió inmediatamente en una de mis cintas favoritas.

¿Por qué tiene esa posición? Es sencillo, tiene un elenco de personajes que se ganan tu cariño desde el minuto cero. Hasta los personajes más cabrones y desagradables se ganan mi amor a base de frase lapidaria y movimiento molón. Tanto los mercenarios, como la tripulación del barco que les lleva al Casino se ganan nuestra simpatía. Aunque algunos sean carne de cañón y le veamos el letrero: “Voy a morir” pegado en la nuca. Si negrito del África tropical, te estoy mirando a ti, esto es una película de terror y tú tienes que cumplir con el cupo de clichés.

Las escenas de tensión están muy bien trabajadas, ves más de lo que hay. Sommers juega con algo muy importante, algo que Lovecraft, King y demás artistas del terror conocen muy bien, la imaginación del lector. Una turbulencia en el agua estancada del barco. Un crujido. Un chapoteo lejano. Incluso una de las mejores escenas de la película se basa exclusivamente en que no ves al monstruo, pero ves como este esta destrozando las paredes de acero del pasillo para aproximarse a su comida: Los supervivientes.

Podéis verlo por encima de este párrafo, ¿Veis las ondulaciones en el metal? Es un truco sencillo que sin embargo te tensa hasta que te rompas una pierna por culpa de estar expectante y en vilo de lo que ocurrirá. Además de que tiene una de las escenas donde derrochan carisma los dos protagonistas, el capitán y el líder de los mercenarios. Se enfrentan por un arma, surge el monstruo y ya no hay más discusión, ha aparecido una amenaza mayor que su rivalidad y el mercenario le lanza el arma al otro con un silbido. Economía narrativa en estado puro. Hoy día a esa escena le habrían añadido cuatro o cinco minutos de diálogos, y veinte flash back que te expliquen porque ahora confían el uno en el otro.

Y ahora que he mencionado a mis personajes favoritos, ¿Por qué no los presento?

El capitán John Finnegan es una versión deslenguada de Han Solo, alguien que podría dispararte o darte un abrazo dependiendo de las posibilidades que tuviera de matarte del primer golpe. Un poco rastrero, pero de buen corazón, se le ve desde el primer momento. Aunque le moleste intervenir en cualquier peligro, lo hará si es para salvar a sus hombres. Eso implica lealtad y liderazgo, dos cualidades con las que no le definirías si le vieras en un bar. El típico malote por fuera, gañan por dentro y buen tipo en lo más hondo.

Y el líder mercenario Hanover, un tío duro que ha visto muchas cosas por lo que podemos llegar a intuir. Un estratega, lo tiene todo preparado hasta las últimas consecuencias, pero que puede llegar a desarrollar una táctica nueva en una emergencia, que es lo que le tocará hacer en el barco. En décimas de segundo decide confiar en Finnegan ante una amenaza mayor y desconocida. Un gran tirador y con un rostro que exuda mala leche, profesionalidad y letalidad. Además, es un cabrón, pero no como Finnegan, este es un cabrón de verdad. Los que hayas visto la película sabréis porque lo digo. Aunque seamos francos, yo habría hecho lo mismo, bueno, en realidad habría apuntado más arriba, por pesado.

Pero, ¿Y el monstruo? ¿No era una película de monstruos? ¿Por qué no comentas nada del bicho? Pues no comento nada porque lo presentan tan bien en la película que merece la pena sabiendo lo mínimo, pero es letal, e inteligente (Cuando le conviene al guión) y digno hijo de Lovecraft. Una abominación digna de vuestras más asquerosas pesadillas después de comer sushi en mal estado. Os dejare una única pista sobre su aspecto. Os dejaré a una de las criaturas tomadas como ejemplo para su diseño.

 

Y para terminar, porque esto va a ser breve como castigo por el final que nos deja Sommers que es para darle con un palo. ¿Por qué ese final abierto tan bueno? Quiero una segunda parte a partir de ese gancho que lanzan. Lamentablemente nunca lo veremos por la sencilla razón de que esta película se quedo en la serie B, cuenta con sus aficionados, sin duda alguna pero no los suficientes como para levantar una secuela casi veinte años después. Además, dudo que a Sommers le den el presupuesto necesario para ello después de sus últimos trabajos. Es una lastima que alguien con tanto talento se hunda en el olvido por culpa de unos guiones lamentables.